La realidad emocional de las aulas en el país expone una preocupante encrucijada que combina el optimismo juvenil con un alarmante desgaste cotidiano
Una investigación internacional reveló que las nuevas generaciones conviven con una fuerte presión psicológica vinculada tanto al rendimiento escolar como a las expectativas de inserción en el mercado laboral.
La dualidad del aula: resiliencia fragmentada y factores de presión
El informe titulado “Reflejos de una generación”, elaborado por Santillana junto a la Confederación Interamericana de Educación Católica (CIEC), expone lo que los especialistas definen como una “resiliencia emocional fragmentada”. Los datos muestran que, si bien el 48,3% de los alumnos afirma sentirse feliz, esa percepción convive en porcentajes casi idénticos con el cansancio crónico (45%) y el estrés (39,2%), manifestándose con mayor fuerza en las mujeres y en los integrantes de la denominada Generación Z.
Al analizar la escala de las mediciones de estrés en el alumnado, el mapa nacional se segmenta de la siguiente manera:
-
Nivel bajo de estrés: 44,3%
-
Nivel medio de estrés: 35,9%
-
Nivel alto de estrés: 19,8%
El principal detonante de este cuadro es el rendimiento académico, factor que incrementa la presión en un 42%. En el orden de prioridades de los adolescentes le siguen la preocupación por la imagen física (+33%) y la inquietud por el cuidado de la salud mental (+11%), ponderada con una puntuación de 7,4 sobre 10 de cara a los próximos años.
Estrés parental récord y la demanda de un enfoque humanista
El bienestar estudiantil se encuentra directamente ligado al clima del hogar. El estudio complementario “Radiografía de la familia argentina” arrojó que el país lidera los índices de estrés parental de toda América Latina. El 49,6% de los padres reporta niveles altos o muy altos de agotamiento, motivado por la inestabilidad laboral (69%) y la situación económica (64,8%), a lo que se suma la fricción por el uso de pantallas y tecnología, que eleva las tensiones hogareñas cerca de un 28%.
Este entorno impacta de forma directa en los menores: el 48,5% de los núcleos familiares consultados indicó que sus hijos realizan tratamiento psicológico o muestran señales de necesitarlo. Frente a este escenario, Francisco Ortiz, Director Global de Inteligencia de Negocio de Santillana, concluyó que las comunidades educativas deben resetear sus prioridades para poner el foco socioemocional por encima de la mera transmisión de contenidos curriculares convencionales.
