Antes de consolidarse como uno de los centros turísticos e idílicos más concurridos del litoral chubutense, la geografía de Playa Unión ofrecía un horizonte sumamente agreste y despoblado.
En ese escenario dominado por la inmensidad de los médanos costeros emergió una locura visionaria que transformó de forma definitiva las noches de verano en el municipio de Rawson y marcó a fuego el corazón de miles de patagónicos.
Una «locura entre tallarines», madera de árboles y un debut improvisado con Winco
La génesis del legendario boliche se remonta al año 1965, en momentos en que la zona era prácticamente un desierto inhóspito más allá de la zona portuaria. Según información difundida por Canal 12 Web, su fundador Víctor Brullo rememoró que el megaproyecto surgió de manera descontracturada durante un almuerzo entre amigos frente a un plato de pasta. La iniciativa reunió el empuje de cuatro socios con trayectorias diversas: Brullo aportó su recorrido al frente de una discoteca en Trelew, Enzo Bonati —empleado de Vialidad Provincial— proyectó las estructuras en los planos, e Hugo Bimboni sumó su entusiasmo emprendedor para erigir la confitería bailable en lo que consideraban «el lugar más lindo del mundo». Para levantar las instalaciones, adquirieron los imponentes álamos de una chacra del Valle Inferior del Río Chubut, madera noble que terminó por bautizar al icónico local.
La inauguración oficial de El Álamo tuvo lugar en las festividades navideñas de diciembre de 1967, bajo circunstancias completamente desopilantes. A pesar de que los propietarios rogaron al público que postergara la visita porque la edificación se encontraba inconclusa, una multitud desbordó las instalaciones de manera espontánea. Ante semejante avalancha de jóvenes, los fundadores debieron improvisar barras utilizando recipientes de 200 litros repletos de hielo para enfriar la bebida y musicalizaron la vertiginosa noche inaugural mediante un tradicional reproductor Winco.
25 años de romances patagónicos, homenajes en la rambla y noches eternas
Lo que inició como una aventura juvenil rápidamente se transformó en el epicentro nocturno de toda la provincia. El boliche comenzó a convocar de forma masiva a residentes de Rawson, Trelew, Puerto Madryn y Comodoro Rivadavia, extendiendo su poder de atracción hacia visitantes llegados desde la Cordillera de los Andes e incluso desde San Antonio Oeste. Durante un cuarto de siglo, El Álamo fue escenario de incontables historias de amistad, festejos memorables y romances de verano que terminaron en matrimonios, permitiendo que padres e hijos compartieran vivencias bajo un mismo techo a lo largo de 25 años ininterrumpidos de éxito.
Aunque sus puertas cerraron definitivamente tras marcar un antes y un después en el desarrollo urbano del balneario, el legado del boliche permanece inalterable en la memoria colectiva regional. La Secretaría de Cultura de Rawson impulsó la creación de murales alusivos en los muretes costeros de la rambla de Playa Unión para inmortalizar su huella. Además, la comunidad organiza periódicamente muestras culturales, exposiciones temáticas y tardes del recuerdo donde se exhiben antiguos objetos de colección, incluyendo las mesas de madera originales de la mítica pista de baile.
