El 15 de agosto de 1972 se transformó en una fecha imborrable y sangrienta que marcó a fuego la memoria colectiva del país. Bajo el régimen dictatorial que encabezaba el general Alejandro Agustín Lanusse, una masiva y planificada fuga del penal de máxima seguridad de Rawson derivó, apenas una semana más tarde, en el cobarde fusilamiento de 16 militantes en la Base Aeronaval Almirante Zar.
Esta trágica secuencia histórica se consolidó como el más nefasto antecedente del terrorismo de Estado que posteriormente devoraría a la Argentina durante la última dictadura militar.
El ambicioso plan de Rawson y el colapso logístico en el aeropuerto
Aquel 15 de agosto de 1972, prisioneros políticos pertenecientes al Partido Revolucionario de los Trabajadores-Ejército Revolucionario del Pueblo (PRT-ERP), las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) y Montoneros articularon un audaz operativo para escapar de la Unidad Penitenciaria Nº 6 de Rawson. La meta final del contingente era cruzar la frontera hacia Chile, país gobernado en ese entonces por el presidente Salvador Allende.
El plan contemplaba que una multitud de detenidos abordara una aeronave comercial previamente tomada en el aeropuerto de Trelew. Sin embargo, imprevistos en las comunicaciones y fallos en la logística descalabraron la operación. Tan solo seis máximos dirigentes de las organizaciones —Mario Roberto Santucho, Fernando Vaca Narvaja, Roberto Quieto, Marcos Osatinsky, Domingo Menna y Enrique Gorriarán Merlo— lograron subir al avión a tiempo. La nave despegó exitosamente hacia suelo chileno, desde donde luego los líderes continuaron viaje con destino a Cuba.
En tanto, un grupo de 19 combatientes quedó varado en la terminal aérea sin alternativas de escape. Ante la imposibilidad de continuar la marcha, decidieron entregarse pacíficamente a las fuerzas militares. La rendición se formalizó frente a un juez, profesionales del derecho y la prensa, bajo el expreso compromiso oficial de respetar su integridad física y reincorporarlos al penal de Rawson. Pero la palabra empeñada fue brutalmente pisoteada.
La trágica madrugada del 22 de agosto: fusilamientos y mentiras oficiales
En lugar de regresar al penal, los 19 prisioneros fueron recluidos en la Base Aeronaval Almirante Zar de Trelew, bajo la custodia directa de efectivos de la Armada Argentina, padeciendo días de extrema tensión e incertidumbre. La violencia estatal estalló en la madrugada del 22 de agosto de 1972, cuando los detenidos fueron arrancados violentamente de sus celdas, obligados a alinearse en un estrecho pasillo y acribillados a quemarropa por el personal naval.
Dieciséis presos políticos cayeron asesinados en el acto: Carlos Astudillo, Rubén Bonet, Eduardo Capello, Mario Delfino, Carlos Del Rey, Alfredo Kohon, Clarisa Lea Place, Susana Lesgart, José Ricardo Mena, Miguel Ángel Polti, Mariano Pujadas, María Angélica Sabelli, Humberto Suárez, Humberto Toschi, Jorge Ulla y Ana María Villarreal. Por su parte, tres sobrevivieron gravemente heridos: Alberto Miguel Camps, María Antonia Berger y Ricardo René Haidar. No obstante, el destino de los tres supervivientes se tiñó de tragedia años más tarde al ser perseguidos por la dictadura posterior: Camps fue asesinado en 1977, Berger desapareció en 1979 y Haidar fue secuestrado y desaparecido en 1982.
Pese a que el comunicado oficial del régimen intentó ocultar el crimen alegando una supuesta «nueva tentativa de fuga», las posteriores investigaciones judiciales y el estremecedor testimonio de los sobrevivientes confirmaron que se trató de un fusilamiento sumario e indiscriminado.
Un punto de inflexión juzgado como crimen de lesa humanidad
La Masacre de Trelew significó un antes y un después en la historia política de la nación, al inaugurar la metodología de la violencia clandestina del Estado, la falsificación de los hechos y la ejecución de prisioneros indefensos que se profundizaría sistemáticamente a partir del golpe del 24 de marzo de 1976.
Décadas más tarde, la reconstrucción de la verdad histórica permitió que la Justicia argentina declarara los fusilamientos como crímenes de lesa humanidad e imprescriptibles. En 2012, el Tribunal Oral Federal de Comodoro Rivadavia dictó prisión perpetua para los exmarinos Luis Emilio Sosa, Emilio Jorge del Real y Carlos Amadeo Marandino, ratificando la Corte Suprema de Justicia de la Nación la condena firme para este último y sellando así un acto imprescindible de memoria, verdad y justicia.
