Día Internacional del TDAH: la clave es la detección temprana y la empatía.
Cada 13 de julio se conmemora el Día Internacional del Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH), una fecha fundamental para visibilizar uno de los trastornos del neurodesarrollo más frecuentes y, a menudo, más incomprendidos. La jornada busca subrayar la necesidad imperativa de un diagnóstico oportuno y, sobre todo, derribar los estigmas que aún persisten.
¿Qué es el TDAH?
El TDAH tiene un marcado componente genético y, aunque suele identificarse durante la infancia, es una condición que puede acompañar a la persona a lo largo de toda su vida, afectando su desempeño en los ámbitos escolar, laboral, familiar y social.
Se manifiesta principalmente a través de tres ejes: la dificultad para prestar atención, la hiperactividad y la impulsividad. No obstante, los especialistas advierten que la presentación es heterogénea: en algunos individuos predomina la falta de atención, en otros la inquietud motriz o la impulsividad, y existe también la presentación combinada.
Señales de alerta
Para considerar el diagnóstico, los comportamientos deben ser persistentes y manifestarse en distintos entornos (casa, escuela o trabajo). Las señales más comunes incluyen:
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Dificultad para mantener la concentración.
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Errores por descuido y olvidos frecuentes.
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Desorganización en tareas cotidianas.
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Inquietud motriz (dificultad para permanecer sentado).
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Impulsividad (interrumpir o responder antes de que finalicen las preguntas).
El camino hacia el bienestar
La evaluación clínica integral por parte de profesionales es indispensable, ya que los síntomas pueden confundirse con otras condiciones. Una vez obtenido el diagnóstico, el tratamiento es personalizado y suele integrar:
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Psicoeducación para el paciente y su entorno familiar.
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Acompañamiento psicológico y estrategias de planificación.
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Intervenciones escolares.
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Tratamiento farmacológico (cuando el profesional lo evalúa necesario).
Derribar mitos y valorar fortalezas
Es vital comprender que el TDAH no es producto de una mala crianza, falta de límites o carencia de voluntad. Enfocar la condición desde la evidencia científica es el primer paso para reducir el estigma.
Asimismo, es fundamental destacar que el TDAH conlleva fortalezas únicas que a menudo pasan desapercibidas. Muchas personas con este trastorno poseen una gran creatividad, capacidad para resolver problemas de forma original, una marcada curiosidad, espontaneidad y un sentido del humor especial, cualidades que, con el apoyo adecuado, permiten un desarrollo pleno e inclusivo.
