El fuego arrasó más de 3.800 hectáreas en la provincia de Almería, Andalucía, convirtiéndose en uno de los más letales del siglo
La mayoría de las víctimas son extranjeros que quedaron atrapados en «ratoneras» de humo al intentar huir por caminos alternativos.
Emergencia extrema en el Levante almeriense
El sur de España se encuentra conmocionado por una catástrofe natural sin precedentes recientes. Un devastador incendio forestal desatado en los municipios de Los Gallardos, Bédar y Lubrín, en la provincia de Almería (Andalucía), provocó la muerte de al menos 12 personas, mientras que las autoridades de rescate buscan contrarreloj a 23 personas desaparecidas que permanecen completamente incomunicadas.
La extrema velocidad de propagación de las llamas, alimentada por ráfagas de viento cambiantes y una intensa ola de calor, obligó al Gobierno andaluz a elevar el Plan Infoca a su fase máxima de emergencia y solicitar la intervención urgente de la Unidad Militar de Emergencias (UME). El frente, que ya calcinó más de 3.800 hectáreas en una geografía de barrancos escarpados, transformó las tareas de extinción en un masivo operativo de evacuación y salvamento.
Rutas improvisadas: la trampa mortal para las víctimas
El centro de la tragedia humana se concentró en los diseminados de viviendas del entorno de Bédar. Los primeros informes de los servicios de emergencia confirmaron que la gran mayoría de las víctimas mortales son ciudadanos de origen extranjero —principalmente británicos— que residían o veraneaban en la zona.
El consejero de Presidencia y Emergencias de Andalucía, Antonio Sanz, detalló con pesar que el desvío por rutas improvisadas agravó letalmente la situación:
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Atrapados en vehículos: Cuatro de los fallecidos fueron hallados en el interior de un automóvil con el volante a la derecha (característico del Reino Unido) que tomó una rambla seca intentando esquivar el corte de la ruta principal AL-6109.
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Cercados por el fuego: Otras siete personas perdieron la vida a pie tras abandonar sus viviendas unifamiliares en zonas boscosas, desoyendo las alertas oficiales de confinamiento preventivo y quedando atrapadas en una densa cortina de humo y fuego.
Desalojos masivos y heridos graves trasladados en helicóptero
Las consecuencias sanitarias también registran un balance preocupante: el sistema de salud reportó ocho personas heridas, cuatro de ellas de extrema gravedad con quemaduras complejas. Estos últimos pacientes debieron ser evacuados en helicópteros sanitarios desde el Hospital Universitario Torrecárdenas hacia la unidad especializada de grandes quemados del Hospital Virgen del Rocío de Sevilla.
Paralelamente, los operativos obligaron al desplazamiento forzoso de alrededor de un millar de personas procedentes de núcleos poblacionales como Almocáizar, Los Pinos, La Serena y el barranco de Alfaix. Unos 193 damnificados fueron distribuidos de urgencia en centros provisionales de contención habilitados en el teatro de Lubrín, el polideportivo de Garrucha y un convento en Antas, asistidos de forma permanente por equipos de la Cruz Roja y redes de contención vecinal.
Un combate contra el viento y bajo luto oficial
El intendente de Los Gallardos, Francisco Miguel Reyes Martín, advirtió que la dinámica del siniestro es sumamente inestable debido a que las ráfagas nocturnas hicieron retornar el fuego hacia perímetros urbanos consolidados. Los brigadistas también mantienen un estricto monitoreo sobre un complejo hotelero que suele albergar a unos 500 turistas británicos en temporada alta.
Actualmente, el despliegue técnico reúne a más de 460 efectivos en tierra, 124 vehículos terrestres y una flota de 32 aeronaves (entre aviones hidrantes y helicópteros de coordinación). Si bien la Guardia Civil mantiene bajo estricto hermetismo la investigación pericial, los primeros indicios apuntan a que el origen de la chispa inicial pudo deberse a la caída accidental de un cable de tendido eléctrico de alta tensión.
Ante la magnitud del desastre, el gobierno de la Junta de Andalucía decretó tres días de luto oficial y el servicio de Emergencias 112 dispuso la activación del Grupo de Intervención Psicológica en Emergencias y Desastres (GIPED) para brindar asistencia inmediata a los familiares de los fallecidos y desaparecidos de la que ya se perfila como una de las páginas más oscuras en la historia forestal española.
