Un terremoto político sacude las lecturas históricas de la violencia de los años 70 en Argentina.
A través de la reaparición pública de uno de los personajes más controversiales de la historia reciente, se reflotó el debate sobre los orígenes del movimiento armado y las motivaciones de la juventud que protagonizó la contienda política del siglo pasado.
El exjefe de la organización Montoneros, Mario Firmenich, relató en primera persona dentro de un adelanto de su nuevo libro cómo la generación surgida de la proscripción peronista de 1955 terminó convirtiéndose en un «tsunami» político e insurreccional que tomó por sorpresa a las fuerzas armadas y a la dirigencia de la época.
Infancia protegida, el golpe de 1955 y la pérdida de derechos
En el texto, Firmenich rememora cómo la profecía de Juan Domingo Perón respecto a ganar elecciones futuras con la juventud se consumó en 1973, cuando dos millones de nuevos votantes de entre 18 y 25 años ingresaron al padrón electoral. El líder guerrillero repasa su niñez bajo la Revolución Justicialista señalando que el Estado invirtió de manera masiva en salud, educación, infraestructura deportiva y esparcimiento para cumplir con la premisa de que los niños eran los «únicos privilegiados».
Sin embargo, denuncia que tras el derrocamiento de Perón en septiembre de 1955, el nuevo régimen dictatorial intentó borrar todo vestigio del movimiento:
«De un día para el otro nos cambiaron los libros de lectura de la escuela primaria. El ‘Primer Trabajador’ pasó a llamarse oficialmente ‘el tirano prófugo’ y la ‘Jefa Espiritual de la Nación’ fue calificada como ‘mujerzuela’, prohibiendo por ley escribir sus nombres», relató el exjefe militar.
A lo largo de la década siguiente, esa generación creció presenciando la anulación sistemática de comicios, proscripciones de candidaturas, huelgas reprimidas, planes de lucha sindical y atentados de resistencia popular con bombas.
La ceguera de las dictaduras y la irrupción del «tsunami» en 1973
El relato repasa el período previo al derrocamiento del mandatario radical Arturo Illia en 1966 y cuestiona severamente a los estrategas militares que planificaron las salidas institucionales sin considerar a la juventud activa. Según Firmenich, tras levantamientos populares como el Cordobazo, el Rosariazo, el Tucumanazo y el Mendozazo, el gobierno de Alejandro Agustín Lanusse diseñó el sistema de balotaje calculando un techo del 35% para el peronismo con la convicción de que triunfaría Ricardo Balbín (UCR).
El referente insurgente sostiene que las autoridades vigentes no previeron que el rencor por la represión democrática orientaría de forma masiva el voto de los jóvenes hacia la Juventud Peronista y la causa revolucionaria. De este modo, la irrupción masiva en los actos del «Luche y Vuelve» de 1972 descolocó a los analistas políticos, consolidando lo que calificó como el «tsunami de la generación montonera» que transformó el escenario nacional en 1973.
