A comienzos del siglo XX, la cordillera de Chubut se convirtió en el escenario de una encarnizada cacería contra una temible banda de forajidos que aterrorizaba a pobladores, comerciantes y productores rurales.
Entre sus integrantes más peligrosos figuraban los norteamericanos Robert Evans (alias Emoline Hood) y William Wilson, antiguos secuaces de los legendarios ladrones de trenes Butch Cassidy y Sundance Kid. Tras años de sangrientos atracos, la sangrienta persecución alcanzó su punto culminante en 1912, dejando una huella imborrable en la historia criminal patagónica.
El sangriento historial de la banda y la emboscada fatal en Alto Río Pico
La presión sobre las autoridades nacionales y la prensa de Buenos Aires se volvió insostenible tras una seguidilla de crímenes violentos. Entre los hechos más aberrantes se destacó el asesinato en 1909 de Llwyd ap Iwan, gerente de la sucursal Arroyo Pescado de la Compañía Mercantil Chubut, durante un asalto armado. A este sangriento episodio se le sumó en 1911 el primer secuestro registrado en territorio chubutense, cuya víctima fue el reconocido ganadero de Corcovado, Lucio Ramos Otero.
Los datos aportados por los propios pobladores permitieron acorralar a los fugitivos cerca de Alto Río Pico. Hasta ese punto cordillerano se desplazó una partida de la Policía Fronteriza del Chubut, liderada por el subteniente Jesús Blanco y el comisario Eufemio Palleres. En 1912, la patrulla abatió a Evans y Wilson. Aunque el parte oficial informó un enfrentamiento armado, investigaciones posteriores sostienen que se trató de una letal emboscada para liquidar a los antiguos laderos de Cassidy y Sundance Kid.
Una fuerza militarizada creada contra el delito que terminó sumida en abusos
La Policía Fronteriza del Chubut había sido fundada en febrero de 1911 por el Ministerio del Interior de la Nación como una fuerza militarizada y móvil para custodiar la frontera con Chile y el ámbito rural. Con base central en Súnica —cerca de Trevelin y la Colonia 16 de Octubre— y bajo el mando inicial del mayor austríaco Mateo Gebhard, la fuerza buscaba frenar el descontrol delictivo que superaba a las instituciones tradicionales.
Sin embargo, tras el golpe contra los bandoleros, el cuerpo comenzó a acumular graves denuncias por ejecuciones sumarias, detenciones arbitrarias, abusos de autoridad e impunidad contra la población local. Esta escalada de violencia provocó que la controvertida fuerza fuera disuelta formalmente en 1914 (aunque algunos registros locales estiran su final hasta 1918). Hoy en día, la custodia de la frontera patagónica recae en fuerzas federales como la Gendarmería Nacional Argentina, dejando aquel histórico episodio de 1912 como un reflejo de la convulsa época de la frontera patagónica.
