La comunidad judía argentina y la política nacional se encuentran de luto tras conocerse la triste noticia del fallecimiento de Julio Schlosser a los 66 años.
El histórico dirigente, caracterizado por su firmeza institucional y su incansable búsqueda de verdad, dejó una huella imborrable al frente de las instituciones más representativas del país, liderando luchas históricas contra el antisemitismo y los pactos con la impunidad.
Una gestión marcada por los reclamos por AMIA, Nisman y el pacto con Irán
Schlosser ocupó la presidencia de la Delegación de Asociaciones Israelitas Argentinas (DAIA) entre los años 2012 y 2015, un periodo convulsionado en la historia reciente de la Argentina. Durante su mandato, mantuvo en pie de guerra el reclamo irrenunciable de justicia por el sangriento atentado a la AMIA y exigió con firmeza el esclarecimiento absoluto sobre la muerte del fiscal Alberto Nisman, quien investigaba precisamente la pista iraní en el ataque a la mutual israelita.
Asimismo, su rol fue verdaderamente clave en el tablero político e institucional al posicionar abiertamente a la entidad en contra del polémico Memorándum de Entendimiento con Irán, promovido en aquel entonces por la administración de la expresidenta Cristina Kirchner. Su figura trascendió por el permanente combate contra los discursos de odio y el antisemitismo en todas sus formas.
Una vida entregada al trabajo institucional y juvenil en la colectividad
Mucho antes de alcanzar la máxima conducción de la DAIA, el dirigente cosechó una extensa y prolífica trayectoria en la militancia comunitaria. Ocupó con distinción el cargo de secretario general de la AMIA, acompañando de forma activa y estratégica la gestión que encabezaba Guillermo Borger.
Su vocación de servicio también dejó una marca profunda en la juventud. Schlosser fue presidente de Bnei Akiva Argentina, la filial local de la organización juvenil judía más grande del mundo. Esta institución basa sus pilares ideológicos en la doctrina de Torah va-Avodah (Torá y Trabajo), fomentando de manera ininterrumpida la vivencia del judaísmo tradicional, el verdadero compromiso comunitario y la Aliá (emigración a Israel).
