El histórico funcionario presentó su dimisión tras más de cuatro décadas en el organismo
Cercano al asesor presidencial Santiago Caputo, solicitó una licencia de dos semanas en medio de fuertes versiones sobre internas de poder en la estructura de la ARCA.
Salida de peso en la estructura recaudadora
El esquema de control de la recaudación y el comercio exterior del Gobierno nacional sumó una baja de relevancia. José Andrés Velis, de 67 años, presentó su dimisión como director general de la Dirección General de Aduanas (DGA). Si bien el funcionario solicitó formalmente una licencia de dos semanas otorgada por la Agencia de Recaudación y Control Aduanero (ARCA), fuentes del sector y del organismo ratificaron que la renuncia marca el fin de su ciclo operativo.
La dimisión de Velis, un hombre considerado cercano al asesor presidencial Santiago Caputo, ocurre en un contexto de constantes reacomodamientos y disputas de poder en las segundas y terceras líneas de los organismos fiscales del Estado. Pese a que desde despachos oficiales buscaron bajar la tensión indicando que su situación estaba «bajo análisis», en las dependencias aduaneras ya se da por consumado el cierre de su etapa de gestión.
Más de 40 años de trayectoria aduanera
La figura de Velis dentro del organismo estatal cuenta con una extensa solidez técnica e histórica. Con más de 44 años de servicio en la Aduana, desarrolló la mayor parte de su carrera profesional en puestos operativos clave y de fiscalización de alta sensibilidad, con roles destacados en el Aeropuerto Internacional de Ezeiza, el Puerto de Buenos Aires y diversas unidades de resguardo fronterizo.
En 2024 se había acogido al beneficio de la jubilación tras haber alcanzado las cuatro décadas de aportes. Sin embargo, en octubre de ese mismo año, durante la reorganización profunda impulsada por el Poder Ejecutivo para disolver la AFIP e instrumentar la ARCA bajo la conducción inicial de Florencia Misrahi, Velis fue convocado para retornar de su retiro y asumir la titularidad máxima del área aduanera. Su salida abre la danza de nombres para su reemplazo en un punto neurálgico del control comercial del país.
