El fenómeno libertario que catapultó a Javier Milei al Sillón de Rivadavia enfrenta su crisis comunicacional más severa.
La aplastante hegemonía virtual que caracterizó al oficialismo atraviesa un marcado proceso de desgaste, reflejado en un estrepitoso bajón del volumen de conversación e interacciones en las principales plataformas digitales. Los escándalos políticos de corrupción, la desconexión total con las urgencias socioeconómicas de los ciudadanos y una serie de graves torpezas operativas en el manejo de redes sociales dinamitaron la capilaridad del relato oficial, provocando que la sociedad empiece a percibir al Presidente como «uno más de la casta».
Escándalos, internas y la sombra del Shadow Ban sobre las redes oficialistas
El desplome del interés virtual responde de forma directa a una grieta insalvable entre las prioridades del Gobierno y las inquietudes reales de la población. El especialista Kevin Grunbaum sostuvo que el relato antisistema de la «motosierra» se erosionó gravemente tras episodios polémicos como los casos Libra, Andis, Espert y Adorni. Estos hechos terminaron por arrebatarle a Milei su distintivo de outsider frente a la opinión pública.
A este desinterés orgánico se le suma un severo cuadro de impericia técnica tras el alejamiento de Fernando Cerimedo de la estrategia digital y la llegada de Santiago Oria al mando de la contienda cultural. La fallida implementación de granjas de bots para inflar publicaciones generó maniobras detectadas por las propias plataformas, lo que expuso las cuentas presidenciales a un eventual Shadow Ban (penalización algorítmica de visibilidad). Esta falla en la distribución redujo drásticamente el alcance orgánico y dejó a la militancia sin la fuerza expansiva de otros tiempos, obligando al Ejecutivo a responder de manera reactiva ante debates álgidos como la ley de extranjerización de tierras y el drama de los deudores morosos.
La oposición no despega pese al estancamiento de la imagen oficial
Pese a que el Poder Ejecutivo perdió su capacidad histórica de imponer la agenda pública de debate y sus menciones vienen cayendo de forma ininterrumpida desde hace doce meses, el escenario político opositor continúa mostrando una severa fragmentación. Ningún líder de la oposición ha logrado estructurar una figura con el volumen de conversación necesario para capitalizar el descontento popular ni embanderarse de forma efectiva con las necesidades económicas insatisfechas de la gente.
Aunque el Presidente todavía conserva un volumen de menciones superior al de cualquier otro dirigente nacional o internacional, los especialistas coinciden en que el ecosistema cambió de raíz porque el propio mandatario cambió al convertirse en parte del sistema. En este complejo marco de insatisfacción social y problemas de gestión desnudados por las internas, el Gobierno enfrenta la titánica tarea de reordenar su estrategia antes de perder definitivamente la iniciativa política en la opinión pública.
