El mercado de trabajo formal atraviesa un panorama sumamente crítico en la Argentina. Durante los primeros seis meses de 2026, el sector privado registró la pérdida de casi 46.000 puestos laborales asalariados, lo que consolida un proceso ininterrumpido de cesantías e incertidumbre productiva.
Desde el desembarco del presidente Javier Milei en la Casa Rosada, la destrucción total de vacantes en el ámbito empresarial acumula cifras alarmantes, impactando con mayor crudeza en la industria nacional, el comercio y la construcción.
La sangría laboral en números y el drama del empleo formal
Las proyecciones elaboradas por la consultora Invecq revelaron que entre diciembre de 2025 y junio de 2026 las compañías privadas dieron de baja a un promedio superior a los 7.500 trabajadores por mes. Salvo una breve tregua en febrero pasado cuando las planillas se mantuvieron estables, el goteo de despidos no dio tregua desde mediados del año pasado. De esta forma, el informe privado calcula que la contracción del empleo privado registrado alcanza las 246.300 bajas desde noviembre de 2023, mientras que los registros del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA) elevan la pérdida total a más de 354.000 asalariados registrados, contrarrestada únicamente por un aumento del 8% en la masa de monotributistas.
La parálisis golpea a los rubros con mayor capacidad de absorción de mano de obra. La industria, la construcción y el comercio —que aglutinaban la mitad del empleo privado en 2025— sufrieron un recorte de 93.000 puestos desde junio del año anterior. Por su parte, sectores clave como el agro, la minería, el petróleo, las finanzas y el mercado inmobiliario, que concentran el 23% de la ocupación formal, redujeron cerca de 18.100 empleos en el mismo período. Aunque algunas actividades tuvieron leves mejoras alternando alzas y bajas a principios de este año, sus niveles continúan por debajo de los guarismos de finales de 2023.
Transformación tecnológica, informalidad y perspectivas para el 2026
La dinámica destructiva responde a la recesión económica y a cambios estructurales internos, tales como la acelerada adopción de inteligencia artificial y la búsqueda de eficiencia empresarial bajo un escenario de menor inflación. Como contrapartida a esta coyuntura, la fuerza de trabajo inició una clara migración hacia la informalidad: mientras el empleo público retrocedió un 2,6% respecto a 2023, el trabajo no registrado trepó un 4,8%, provocando que el empleo total caiga un 0,7% en la comparativa histórica.
A pesar de que la economía marcó una leve suba interanual del 1,9% en la primera mitad de 2026, la serie desestacionalizada de junio arrojó un desplome del 1,1% frente a diciembre. Las proyecciones privadas anticipan que las posibilidades de presenciar una recuperación sustancial en el mercado laboral durante la segunda mitad del año son sumamente escasas.
