En una era donde los algoritmos, la inteligencia artificial y la complejidad de los diagnósticos por imágenes amenazan con frialdad el acto médico, surge una postura contundente desde el corazón de la Patagonia: «la máquina no nos gana al hombre».
Con 37 años de trayectoria en la región y al frente del Centro Diagnóstico San Jorge de Puerto Madryn —institución que cumple 17 años de servicios ininterrumpidos—, el Dr. Guillermo Rodríguez Nielsen reflexiona sobre el verdadero valor de la empatía humana frente al avance tecnológico incesante.
La revolución diagnóstica: tomografía de 64 canales y evaluación cardiovascular
El diagnóstico por imágenes atravesó un giro radical en las últimas décadas, evolucionando desde equipos convencionales hasta plataformas digitales de extrema precisión. Durante ese trayecto, el centro médico madrynense dio saltos cuantitativos al incorporar tecnología que antes era inaccesible localmente, permitiendo ampliar las coberturas para estudios neurológicos, osteoarticulares, oncológicos, neumológicos y diagnósticos cardiovasculares específicos.
Entre las prestaciones más destacadas de la institución se encuentra el score de calcio coronario, una práctica clave para evaluar la presencia de calcio en las arterias coronarias y nutrir la decisión clínica de los médicos tratantes. Toda esta infraestructura —que incluye mamografía digital, ecografía, densitometría y un tomógrafo de 64 canales— responde al principio de dar al paciente la máxima calidad accesible. Sin embargo, Rodríguez Nielsen es categórico: existe una «simbiosis entre la máquina y el profesional», donde médicos, técnicos, licenciados, administrativos y personal de mantenimiento forman una cadena inseparables donde el equipo técnico condiciona directamente el desempeño final.
Miedo al resonador y barreras digitales: la empatía como única respuesta
Entrar a un resonador magnético o un tomógrafo suele gatillar cuadros severos de ansiedad por los ruidos, el encierro o la incertidumbre de la afección. Para mitigar ese temor, el profesional propone una táctica tan simple como efectiva: amigarse con el aparato. Invita a quienes sufren temor a visitar las instalaciones antes del turno, acostarse en el equipo e ir acompañados para desmitificar la experiencia antes de realizar el estudio formal. El paciente debe ser tratado como un ser querido y no como un simple número administrativo: la pregunta clave que debe hacerse todo el personal es cómo querría ser atendido si estuviese en esa camilla.
Esta mirada contemplativa se extiende a las trabas cotidianas que genera la tecnología. Muchos adultos mayores encuentran barreras insalvables al tramitar turnos mediante aplicaciones, códigos o tokens en teléfonos celulares que ni siquiera utilizan. Ante esta realidad, el centro refuerza la contención presencial para evitar que la digitalización aísle al paciente. La comunicación, los afectos y la interrelación cara a cara continúan siendo el fin último de la atención sanitaria, demostrando que la búsqueda de la excelencia médica consiste en poner el mejor equipamiento al servicio irrenunciable de la humanidad.
