Un equipo interdisciplinario de la UCA y el Conicet, liderado por la investigadora Carolina Abulafia, analiza cambios cerebrales, cognitivos y de sueño en hijos de pacientes con deterioro cognitivo
Los primeros indicios en el cerebro pueden aparecer hasta 30 años antes de los síntomas clínicos.
Un desafío de salud pública global y prevención temprana
En la Argentina se estima que 400 mil personas padecen la enfermedad de Alzheimer (EA), una afección neurodegenerativa que afecta a más de 40 millones de personas en todo el mundo. Ante la ausencia de un tratamiento curativo definitivo, la comunidad científica enfoca sus esfuerzos en la prevención y el diagnóstico precoz.
La doctora en Ciencias Biomédicas e investigadora del Biomed UCA-Conicet, Carolina Abulafia, encabeza un estudio que indaga las transformaciones anatómicas, funcionales, circadianas y cognitivas en personas que aún no manifiestan la patología, pero poseen antecedentes familiares de primer grado:
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«Cuando el paciente llega a la consulta con el neurólogo manifestando olvidos, es la consecuencia de una enfermedad que viene desencadenándose desde hace décadas. Los primeros cambios en el cerebro pueden aparecer entre 20 y 30 años antes de los síntomas», explicó la especialista.
Evaluación científica y hallazgos en hijos de pacientes
El estudio abarcó a personas de entre 40 y 60 años divididas en dos grupos: 32 hijos de pacientes con Alzheimer esporádico de inicio tardío y un grupo de control compuesto por 28 personas sin antecedentes familiares.
Para el monitoreo se emplearon herramientas de alta precisión:
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Evaluación cognitiva: Pruebas de memoria, atención, lenguaje, toma de decisiones y funciones ejecutivas.
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Estudios por imágenes: Resonancias magnéticas estructurales y funcionales, junto a tomografías por emisión de positrones (PET) para medir el metabolismo de la glucosa y la acumulación de placas amiloides.
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Monitoreo de sueño y ritmo circadiano: Análisis mediante actígrafos durante siete días y holter de 24 horas para medir la actividad del sistema nervioso autónomo y la calidad del descanso.
Los resultados preliminares revelaron diferencias estadísticamente significativas pero subclínicas. Si bien los participantes no presentan atrofia ni deterioro perceptible en la práctica médica habitual, registraron rendimientos ligeramente menores en pruebas cognitivas y patrones de sueño con menor eficiencia.
Actualmente, el equipo realiza el seguimiento a 12 años de los participantes para determinar quiénes desarrollaron indicadores iniciales de la enfermedad, con el objetivo de diseñar estrategias de prevención y ralentización.
