Solidaridad sin fronteras: voluntarios de todo el país luchan en Cholila.
La emergencia ígnea que golpea a la Cordillera no solo ha movilizado recursos oficiales, sino que ha despertado una inmensa ola de solidaridad civil. En un gesto de entrega absoluta, brigadistas voluntarios de diversos puntos de la Argentina han llegado por cuenta propia a la zona de Villa Lago Rivadavia y Cholila para ponerse a disposición de las familias afectadas.
Motivados por la urgencia de proteger el bosque nativo y el patrimonio de los vecinos, estos grupos autoconvocados se organizan en cuadrillas para enfrentar un fuego que, alimentado por la sequía, no da tregua.
Un equipo federal unido por la emergencia en la Cordillera
El punto neurálgico de esta movilización ciudadana se encuentra en la Escuela N° 9 de Epuyén, sitio que funciona como base logística y punto de partida hacia las zonas más críticas. Desde allí, hombres y mujeres con y sin experiencia previa se dividen las tareas para asistir en la línea de fuego o en las defensas perimetrales de las viviendas. La composición del grupo es variada: desde especialistas en incendios forestales hasta motoviajeros que desviaron su ruta para colaborar.
Según Radio 3, el compromiso de estos voluntarios nace de un sentimiento de impotencia transformado en acción. Emanuel Fornari, referente del grupo que llegó desde Mendoza, relató que el equipo cuenta con integrantes de Rosario, Ramallo y diversas localidades de la Patagonia. Incluso destacó la presencia de viajeros que se encontraban en Uruguay y, al enterarse del drama que atraviesa Chubut, decidieron bajar a la cordillera para «poner el cuerpo» en defensa del territorio.
Logística artesanal y el pedido desesperado por lluvia
El trabajo en el terreno es de una exigencia física y emocional extrema. Las últimas jornadas han sido particularmente difíciles debido al descontrol de las llamas en los cerros y la falta absoluta de humedad. Fornari describió que la coordinación se realiza mediante radios y bases instaladas en escuelas, utilizando mapeos caseros para intentar predecir la rotación del viento. «Lo que más cuesta es la comunicación, pero nos organizamos para saber cuáles son las horas críticas», señaló el brigadista voluntario.
La estrategia de estos grupos es clara: sumar esfuerzos sin generar nuevos riesgos. Para ello, el vínculo con los pobladores locales es fundamental, ya que son los vecinos quienes guían a los voluntarios hacia los focos más calientes. A pesar del cansancio y de una sequía que califican como agobiante, los brigadistas autoconvocados mantienen la guardia alta, aunque el pedido común es uno solo: la llegada de la lluvia para dar alivio a una tierra que ya no resiste más calor.




