Cholila bajo alerta: una noche de cielo rojo por el avance ígneo.
La localidad de Cholila vivió una de las madrugadas más impactantes de su historia reciente. El avance descontrolado de las llamas en Villa Lago Rivadavia y el sector de El Blanco transformó el paisaje nocturno, tiñendo el firmamento de un carmesí profundo que mantuvo en vilo a toda la comunidad.
Este fenómeno visual no fue más que el reflejo de la magnitud de un incendio que, alimentado por ráfagas violentas de viento, continúa desafiando los límites de los operativos de contención en el corazón de la cordillera.
Un fenómeno impulsado por el comportamiento extremo
La coloración del cielo durante la noche del domingo fue el resultado del intenso resplandor de las llamas filtrándose a través de una densa columna de humo que cubrió la región. Según EQS Notas, esta situación se originó por el recrudecimiento de los focos en jurisdicción provincial, especialmente en el área de Puerto Café.
Cerca del mediodía del domingo, el fuego rompió su perímetro inicial y, tras el aumento de la intensidad del viento, comenzó una propagación veloz por la zona alta de Villa Lago Rivadavia y el faldeo oeste del lago, afectando incluso áreas de reserva y sectores de la Estancia Los Murmullos.
Viento de 50 km/h y saltos de fuego incontrolables
Las condiciones meteorológicas del pasado domingo fueron el principal enemigo de los brigadistas. Con ráfagas que alcanzaron los 50 kilómetros por hora y cambios constantes en la dirección del viento, el incendio generó múltiples focos secundarios.
Estos «saltos» de fuego superaron las fajas de contención que los combatientes habían construido manualmente durante las últimas 72 horas. Esta reactivación obligó a realizar evacuaciones preventivas de urgencia, entre las que destacó el dramático desalojo de la familia Daher, quienes debieron abandonar su propiedad ante la inminencia del frente ígneo.
Refuerzos internacionales y guardias nocturnas
El operativo de combate cuenta actualmente con un despliegue de 145 combatientes en línea y más de 100 personas de apoyo logístico. Debido a que la visibilidad fue nula por el humo, los medios aéreos quedaron prácticamente inoperativos, limitando la batalla al terreno terrestre.
Durante la noche, se establecieron guardias de ceniza y protección de viviendas con la ayuda de bomberos voluntarios llegados desde Futaleufú (Chile) y San Carlos de Bariloche, quienes se sumaron a las dotaciones locales para intentar frenar el avance sobre la infraestructura crítica del ejido urbano.




