La situación en la comarca andina del Paralelo 42 alcanzó un nivel de crisis histórica. El secretario de Bosques de Chubut, Abel Nievas, no dudó en calificar los incendios forestales activos como «la peor tragedia ambiental en 20 años», mientras el fuego continúa su avance sin control, alimentado por condiciones climáticas extremas.
La conjunción de una sequía histórica, temperaturas abrasadoras y fuertes vientos ha convertido a cientos de hectáreas de bosque nativo, implantado y pastizales en un polvorín, complicando severamente el trabajo de los más de 340 brigadistas desplegados y poniendo en riesgo constante a las poblaciones de la región.
La magnitud del desastre es tal que ya ha obligado a evacuar a más de 3.000 personas en distintos puntos, con comunidades enteras preparándose para una posible huida en medio del caos. El foco principal se concentra en las zonas de Epuyén y El Hoyo, donde uno de los flancos del incendio incluso cruzó la Ruta 40, interrumpiendo por completo la circulación y forzando una evacuación preventiva masiva. Aunque la ruta fue reabierta, la amenaza persiste y el operativo de combate se mantiene en estado de máxima alerta. Según Jornada.
Poblaciones en vilo y un origen intencional que agrava la tragedia
La incertidumbre y el miedo se han instalado en varias localidades. En Puerto Patriada, el fuego ya se cobró un saldo material devastador: al menos diez viviendas fueron destruidas. La investigación judicial sobre el origen del siniestro, que involucra a la Policía Federal, ya arrojó resultados alarmantes: las pericias confirmaron el uso de acelerantes, por lo que las autoridades manejan la hipótesis de un origen intencional y criminal.
La alerta ahora se extiende a otros poblados. El municipio de El Maitén hizo un llamado explícito a sus vecinos para que estén preparados ante una posible evacuación. Otras localidades cercanas, como El Coihue y Buenos Aires Chico, permanecen en máxima alerta, con espacios municipales ya acondicionados de manera preventiva para recibir a posibles evacuados, mientras observan con angustia el avance implacable de las llamas.
Un operativo colosal contra un enemigo incontrolable
Frente a esta catástrofe, el despliegue de recursos es monumental, pero aún parece insuficiente. Además de los cientos de brigadistas locales y nacionales, el operativo cuenta con un imponente esquema aéreo que incluye aviones cisterna, helicópteros con helibalde y hasta un avión Boeing 737 destinado específicamente al combate de incendios de gran magnitud. Sin embargo, como admiten los propios funcionarios, el fuego es «incontrolable» en su cabeza principal. El trabajo heroico de los combatientes solo logra «retardar» los efectos más nocivos, ganando tiempo crucial para las evacuaciones, pero sin poder sofocar las llamas de raíz.
El desastre que vive Chubut trasciende lo ambiental para convertirse en una emergencia humanitaria y de seguridad. Mientras las llamas devoran un patrimonio natural milenario, las comunidades se enfrentan a la pérdida de sus hogares y a la incertidumbre de no saber si podrán regresar. La declaración de Nievas resuena como una advertencia sombría: esta no es solo una emergencia del presente, sino una herida ecológica y social cuyas cicatrices marcarán a la provincia y a sus habitantes por generaciones.
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