Mientras la provincia de Chubut enfrenta un nivel de alerta «crítico» por incendios, el trabajo más extremo y silencioso se lleva a cabo durante las largas horas de la noche. Brigadistas y bomberos combaten cara a cara con las llamas en condiciones extremas, con el único apoyo de sus linternas y herramientas manuales.
La lucha contra el fuego en la cordillera chubutense no se detiene al atardecer. Muy por el contrario, cuando la oscuridad cubre la montaña, comienza uno de los turnos más exigentes y decisivos del operativo.
Mientras en el país 16 provincias, incluidas Chubut, Río Negro y Neuquén, enfrentan una situación catalogada como «crítica» o «extremadamente explosiva» por el Servicio Nacional de Manejo del Fuego, en la Patagonia los equipos se preparan para el combate nocturno. Según La17.
El combate terrestre cuando cae la noche
El trabajo bajo la luz de la luna o en completa oscuridad transforma por completo la estrategia de combate. Sin el apoyo de los aviones hidrantes que son clave durante el día, la batalla se libra íntegramente desde el suelo.
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Condiciones extremas: La visibilidad se reduce drásticamente, el terreno irregular se vuelve más traicionero y el cansancio acumulado de jornadas que a veces superan las 24 horas se hace sentir con fuerza. A esto se suman las altas temperaturas residuales que emanan del suelo y la vegetación quemada.
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Tácticas de precisión: Las cuadrillas se concentran en tareas meticulosas y vitales: construyen y consolidan líneas de defensa para frenar el avance del fuego, realizan un enfriamiento constante de los perímetros ya controlados y priorizan la protección de viviendas en zonas de interfase, donde el bosque se mezcla con lo urbano. Con linternas y radios como guía, realizan recorridas constantes para detectar y sofocar cualquier reactivación de las llamas, que puede surgir en cuestión de minutos.
Coordinación y resistencia humana
El operativo nocturno es un testimonio de coordinación y resistencia sobrehumana. Desde los puestos de comando, el monitoreo es constante; las estrategias se ajustan minuto a minuto según la evolución del fuego y los pronósticos meteorológicos. La comunicación por radio nunca se interrumpe, manteniendo unidos a los equipos dispersos en la montaña.
La llegada de refuerzos interprovinciales es un apoyo determinante en estas horas. Brigadistas de otras regiones aportan personal fresco, equipamiento adicional y experiencia crucial para sostener los frentes activos. A pesar de los relevos organizados, la exigencia física y mental atraviesa a todos, en una tarea donde no hay margen para el descuido.
Un escenario climático explosivo
Este heroísmo nocturno se desarrolla en un contexto ambiental de extrema gravedad. La combinación de sequía prolongada, temperaturas altísimas y vientos intensos ha creado un escenario «potencialmente explosivo» en gran parte del país. En la cordillera, las condiciones no dan tregua: baja humedad relativa y vientos que superan los 35 km/h actúan como el combustible ideal para la propagación veloz de las llamas.
Esta crisis ha obligado a decretar la prohibición absoluta de hacer fuego en varias provincias, incluida Río Negro, e impulsado operativos de control para evitar negligencias que puedan generar nuevos focos. La prioridad absoluta, tanto de día como de noche, es la protección de vidas humanas y viviendas.
Mientras las imágenes más impactantes suelen ser las columnas de humo diurnas, es en la oscuridad de la noche cordillerana donde se libra una batalla silenciosa, de enorme desgaste y precisión técnica. Allí, lejos de los reflectores, el compromiso de brigadistas, bomberos y personal de apoyo se convierte en la última línea de defensa entre el fuego y las comunidades.




