En una escalada de tensiones diplomáticas, el vicepresidente estadounidense J.D. Vance acusó públicamente a Dinamarca de no gestionar adecuadamente la seguridad en Groenlandia, un territorio autónomo danés, y declaró que el presidente Donald Trump está dispuesto a hacer lo que sea necesario para «conseguir» la isla para Estados Unidos.
Estas declaraciones han generado una crisis con un aliado clave en la OTAN y abierto un frente geopolítico inesperado.
Según Noticias Argentinas, Vance realizó estas afirmaciones en una entrevista con la cadena Fox News. El vicepresidente criticó al gobierno danés, alegando que «no invirtió lo suficiente en seguridad» en Groenlandia, y justificó así la insistente pretensión de la administración Trump de anexionar el territorio. «Si hicieron algo inteligente hace 25 años, eso no significa que ahora no puedan hacer algo estúpido», afirmó Vance sobre Dinamarca.
La prioridad de seguridad nacional: un discurso que se endurece
Las declaraciones de Vance no son aisladas, sino que forman parte de una narrativa oficial que se viene endureciendo. Horas antes, la portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, ya había afirmado que la adquisición de Groenlandia es una «prioridad de seguridad nacional» para Estados Unidos. Además, señaló que «el presidente y su equipo están discutiendo una serie de opciones», y dejó en claro que «el uso de las Fuerzas Armadas estadounidenses es siempre una opción a disposición del comandante en jefe».
Este discurso marca una evolución desde la propuesta de compra que Trump lanzó de manera informal en 2019, la cual fue rápidamente rechazada por Dinamarca como «absurda». Ahora, el tono es más amenazante y se enmarca en argumentos de seguridad estratégica, sugiriendo una determinación mucho mayor por parte de Washington.
La reacción de Dinamarca: un desafío a la Alianza Atlántica
La respuesta desde Copenhague ha sido de firme rechazo y preocupación por las implicaciones que tendría esta acción para la arquitectura de seguridad occidental. Fuentes del gobierno danés han recordado que Groenlandia es un territorio autónomo pero que forma parte integral del Reino de Dinamarca, un aliado fundador de la OTAN. Analistas políticos y expertos en relaciones internacionales señalan que una anexión forzada por parte de Estados Unidos no solo violaría el derecho internacional, sino que significaría, de facto, el fin de la Alianza Atlántica tal como la conocemos.
Dinamarca considera la postura estadounidense como una grave injerencia en sus asuntos internos y una amenaza a la soberanía. La isla, que posee una ubicación estratégica clave en el Ártico y potenciales recursos minerales, es vista desde Washington como un activo geoestratégico vital en la competencia con potencias como Rusia y China.
Un conflicto con aliados en un contexto de aislamiento
Este nuevo enfrentamiento se produce en un momento en que la administración Trump ya mantiene relaciones tensas con varios aliados tradicionales. La política exterior estadounidense se ha caracterizado por un enfoque unilateral y transaccional, que ha generado fricciones con la Unión Europea y otros socios. La amenaza explícita hacia un territorio de un aliado de la OTAN representa una nueva frontera en esta tendencia, poniendo a prueba la cohesión y los principios fundamentales de la alianza defensiva más importante del mundo.
La situación ha generado alarma en círculos diplomáticos europeos, que ven en esta actitud una erosión peligrosa del orden basado en normas. Mientras Trump y su equipo insisten en su derecho a actuar unilateralmente en defensa de lo que perciben como intereses de seguridad nacional, el gobierno danés y sus aliados se preparan para una confrontación diplomática de gran envergadura.
Las declaraciones del vicepresidente Vance han cruzado una línea roja en las relaciones transatlánticas, transformando una antigua ambición territorial en una crisis diplomática de primer orden. Al amenazar a un aliado de la OTAN y sugerir el uso de la fuerza, la administración Trump no solo desafía a Dinamarca, sino que pone en jaque los pilares de la alianza occidental, planteando un escenario geopolítico de consecuencias impredecibles para la estabilidad global.




