Milei vs. Aluar: Dura ofensiva presidencial contra el sector industrial.
El escenario político y económico argentino sumó un nuevo capítulo de alta tensión tras las recientes declaraciones del presidente Javier Milei. En una maniobra que busca desarticular lo que él denomina el «modelo de privilegios», el mandatario nacional apuntó sus cañones contra las principales figuras del empresariado industrial del país. El conflicto, que tiene como eje central la formación de precios y la competitividad, puso en el ojo de la tormenta a Aluar y a su propietario, Javier Madanes Quintanilla, en un momento crítico marcado por el cierre de plantas productivas y una profunda revisión de las políticas proteccionistas.
«Batalla cultural» y apodos irónicos en las redes sociales
La ofensiva presidencial no se limitó a los canales institucionales, sino que cobró fuerza en el terreno digital. Bajo el título de “Batalla cultural”, el mandatario utilizó sus redes sociales para señalar a quienes considera responsables de las distorsiones económicas. Según Red43, Milei rebautizó con ironía a los CEOs involucrados: Paolo Rocca (Techint) fue llamado “Don Chatarrín de los Tubitos Caros”, Javier Madanes Quintanilla (Aluar y Fate) como “Don Gomita Alumínica” y Roberto Méndez (Neumen) como el “Señor Lengua Floja”. Para el Presidente, el comportamiento de estos directivos dejó “en evidencia al sistema corrupto que hundió a los argentinos de bien”.

El Presidente responsabilizó directamente a estos empresarios por las irregularidades en los precios del aluminio y los neumáticos. En su visión, estas compañías operaron durante décadas al amparo de esquemas que limitaron la competencia, encareciendo los insumos básicos para el resto de la industria nacional y para los consumidores finales. Esta postura marca un quiebre definitivo en la relación entre la Casa Rosada y la cúpula de la Unión Industrial Argentina (UIA), especialmente con los sectores que dependen de la protección arancelaria.
Aluar y el impacto del cierre de Fate en la economía
El señalamiento a Aluar es particularmente sensible debido a su peso estratégico. Con su planta central en Puerto Madryn, es la única productora de aluminio primario del país y uno de los mayores consumidores industriales de energía eléctrica. Su producción es un insumo clave para sectores como la construcción, el packaging y la industria automotriz. El cuestionamiento presidencial sobre sus precios internos y su competitividad pone en jaque la estructura de costos de miles de pymes que dependen de este material.
La tensión con Madanes Quintanilla se profundizó drásticamente tras el anuncio del cierre de Fate, la histórica fábrica de neumáticos. Este cierre generó una honda preocupación por el impacto en el empleo industrial, pero para Milei, esta decisión empresarial es una consecuencia de las distorsiones acumuladas en el modelo económico anterior. El Gobierno sostiene que la apertura de importaciones y la desregulación de mercados son los únicos caminos para normalizar los precios, incluso si esto implica un enfrentamiento directo con los gigantes industriales del país.
Hacia un nuevo paradigma de apertura económica
Este enfrentamiento no es un hecho aislado, sino que forma parte de las reformas estructurales que impulsa la administración Milei. La intención oficial es reducir las regulaciones y eliminar los beneficios que, según el discurso oficial, permitieron a ciertos sectores cobrar precios por encima de los valores internacionales. En este marco, Aluar ha quedado en el centro del debate público, representando la puja entre el viejo modelo de sustitución de importaciones y la nueva propuesta de integración global.
El conflicto sigue abierto y promete escalar a medida que el Gobierno avance con la quita de aranceles y la revisión de los costos energéticos industriales. Por ahora, el mensaje del Ejecutivo es claro: no habrá concesiones para los que el Presidente denomina «empresaurios», marcando un camino donde la competencia será la única regla de juego válida para la supervivencia en el mercado argentino.




