La UNPSJB lanza una propuesta virtual que cruza universidad y Justicia para investigar delitos complejos. Empieza en marzo y ya recibe inscripciones por correo.
La investigación penal cambió de ritmo y de escala, y esa transformación empuja a revisar cómo se forman quienes deben seguirle el paso a las tramas delictivas. En esa línea, la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco (UNPSJB) impulsa una nueva Diplomatura Universitaria en “Criminalidad Organizada y Delitos Complejos”, con una modalidad pensada para combinar teoría, práctica y herramientas de trabajo concretas. La propuesta llega con inscripciones abiertas y con inicio previsto para marzo de 2026, en formato virtual.
El lanzamiento se articula desde la Facultad de Ciencias Jurídicas y con participación del Ministerio Público Fiscal del Chubut, que a través de su área de capacitación promueve instancias conjuntas con el ámbito universitario. El objetivo declarado es fortalecer la preparación técnica frente a fenómenos delictivos que ya no se explican con los manuales de hace una década. En esa conexión aparece un dato institucional de peso: la dirección académica queda a cargo del Procurador Adjunto, Dr. Matías Froment.
La diplomatura se presenta como un espacio para comprender cómo se organiza y se financia el delito, y cómo se investiga cuando las pruebas circulan por redes, transacciones y plataformas. El enfoque se apoya en la idea de un mundo global e hiperconectado, donde una causa puede empezar con un hecho local y terminar cruzando jurisdicciones, dispositivos y rastros digitales. Por eso, el programa propone trabajar sobre técnicas actuales de investigación penal y sobre delitos que suelen requerir estrategias de abordaje más finas y coordinadas.
La modalidad elegida busca facilitar el acceso sin perder instancias de aplicación concreta. Las clases se dictarán de manera virtual por Zoom, con actividades prácticas previstas dentro del recorrido. El esquema ya tiene calendario: serán 13 clases, con encuentros los martes de 17:30 a 20:00, un horario que apunta a compatibilizar formación con agendas de trabajo intensas, especialmente en el sistema judicial.
En el armado académico aparecen roles diferenciados que ordenan el cursado y la coordinación cotidiana. Además de Matías Froment en la dirección, la coordinación académica estará integrada por Fernando Gelvez, Eduardo Sebastián Vega y Leonardo Andrés Behm. Esa estructura busca sostener continuidad entre contenidos, actividades y el tipo de herramientas que se espera que el cursante pueda llevar al terreno real de investigación.
Los ejes temáticos abarcan áreas donde el delito suele esconderse detrás de circuitos económicos, movimientos de dinero y estructuras de poder. La diplomatura incluye contenidos vinculados a delitos económicos, lavado de activos, delitos tributarios y también a líneas de alta sensibilidad social como narcocriminalidad, trata de personas y corrupción. El programa también incorpora el universo de ciberdelitos, un campo donde la prueba se arma con trazas, registros y peritajes que exigen actualización permanente.
La intención de fondo, según se destaca desde el MPF, es construir un puente estable entre universidad y sistema de justicia para no correr los hechos desde atrás. La criminalidad organizada suele moverse con recursos, logística y capacidad de adaptación, y eso obliga a que fiscales y funcionarios trabajen con marcos conceptuales sólidos y herramientas vigentes. En esa lógica, la capacitación aparece como una decisión operativa, no como un trámite curricular.
El dato práctico para quienes evalúan sumarse ya está definido: las inscripciones están abiertas y la vía de consulta centralizada es por correo electrónico. La organización informó que las personas interesadas pueden escribir para recibir detalles e indicaciones de registro. El contacto habilitado para informes e inscripción es posgradosfcjtrelew@gmail.com, canal que funcionará como puerta de entrada a la propuesta.
Con el inicio pautado para marzo de 2026, la diplomatura se instala como una oferta que dialoga con el presente de las investigaciones complejas y con demandas concretas del trabajo judicial. No promete atajos ni recetas mágicas, pero sí un recorrido académico orientado a estrategias, evidencia y prácticas actuales. En un mapa del delito cada vez más sofisticado, la discusión ya no pasa por si hay que capacitarse, sino por cómo hacerlo con programas que miren el problema de frente.




