El imperio del narco mexicano sufrió un golpe letal, pero la factura la están pagando los civiles. La muerte de Nemesio Oseguera, alias «El Mencho», líder del temido Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), desató una ola de violencia que paralizó por completo al estado de Jalisco y sacudió a buena parte de México.
Lo que debía ser un operativo militar exitoso se transformó en una pesadilla: el capo de 59 años murió durante el traslado a un hospital tras ser herido en un enfrentamiento con las fuerzas armadas, y sus células respondieron con furia desatada. Quemas de vehículos, ataques a gasolineras, saqueos a comercios y bloqueos en 20 de los 32 estados del país marcaron una jornada de terror que dejó a Guadalajara, una de las tres ciudades más grandes de México, como un escenario de guerra.
Este lunes, el país intenta volver a la normalidad, pero el miedo todavía se siente en cada esquina y las largas filas para conseguir comida y combustible son el reflejo de una sociedad que no sabe bien qué pasará mañana. Según DW.
Guadalajara fantasma: escuelas cerradas y filas interminables para comer
La postal de Guadalajara este lunes fue desoladora. La capital de Jalisco, que en junio será sede del Mundial de fútbol y recibirá a miles de visitantes, amaneció con calles vacías, comercios con las persianas bajas y un silencio incómodo que solo rompían los patrullajes militares. El gobierno estatal había activado una «alerta roja» el domingo, pidiendo a los residentes que permanecieran en sus hogares, y muchos decidieron extender la medida por miedo a nuevas represalias.
Las escuelas permanecieron cerradas en Jalisco y en al menos una decena de estados más. El transporte público comenzó a funcionar lentamente, pero los pocos autobuses que circularon llevaban apenas un puñado de pasajeros, todos con la mirada fija en el teléfono, chequeando noticias y confirmando que la ruta fuera segura.
En los escasos supermercados y tiendas que decidieron abrir sus puertas, las filas daban la vuelta a la manzana. La gente no compraba solo lo necesario para el día: cargaban provisiones para varios días, como si se prepararan para un nuevo estallido de violencia. Los carritos de supermercado escaseaban y muchos clientes cargaban sus compras en cajas de cartón o incluso en cestos de ropa improvisados.
«Hay una sola tienda abierta, cerraron las farmacias y hay unas colas enormes para comprar. En la carnicería tengo una fila bárbara, todo está cerrado. La gente tiene miedo», relató a la agencia AFP Juan Soler, un jubilado de Guadalajara, mientras esperaba su turno para comprar alimentos.
El día después del «Mencho»: terror, bloqueos y 10.000 militares en las calles
Todo comenzó el domingo, cuando un operativo militar logró localizar y herir a Nemesio Oseguera en las cercanías de la localidad de Tapalpa. «El Mencho», de 59 años, era el líder máximo del CJNG, considerado uno de los cárteles más peligrosos y violentos de México. La noticia de su muerte, ocurrida durante el traslado aéreo a un hospital, desató una reacción inmediata y coordinada de las células del cártel.
En una ofensiva sin precedentes, los sicarios del CJNG salieron a las calles en 20 de los 32 estados mexicanos. Bloquearon rutas con vehículos incendiados, atacaron gasolineras y comercios, quemaron bancos y se enfrentaron a las fuerzas de seguridad. Las imágenes que dieron la vuelta al mundo mostraban autos reducidos a estructuras metálicas retorcidas, columnas de humo negro en distintas ciudades y a la gente corriendo para refugiarse.
El gobierno de Claudia Sheinbaum respondió con contundencia: cerca de 10.000 militares fueron desplegados en las zonas más conflictivas para proteger a la población y restablecer el orden. La presidenta mexicana salió al frente el lunes por la mañana para llevar un mensaje de calma: «La prioridad del gobierno es proteger a toda la población. El país ya está en paz, está en calma», afirmó, aunque en las calles de Guadalajara los operativos seguían retirando vehículos calcinados y se reportaban nuevos incendios aislados.
Aeropuerto colapsado y el fantasma de la violencia mundialista
El Aeropuerto Internacional de Guadalajara vivió una jornada de caos. Miles de pasajeros abarrotaron las terminales, desesperados por volver a sus ciudades o países tras quedar varados por la violencia del domingo. Todos los vuelos de salida sufrieron demoras y la saturación fue tal que muchas personas pasaron la noche en las instalaciones esperando una solución.
La situación pone un manto de duda sobre la seguridad en una ciudad que será sede del Mundial de fútbol 2026. Guadalajara tiene programado albergar cuatro partidos en junio, con la llegada de miles de turistas internacionales. Consultada por la agencia AFP, una portavoz de la FIFA evitó hacer comentarios sobre la situación, pero el dato ya está sobre la mesa: si la violencia no cesa, el evento podría verse seriamente comprometido.
La vida después del miedo: entre compras de pánico y la esperanza de la calma
Mientras las autoridades trabajan para retomar el control, la gente intenta reconstruir su rutina con cautela. María de Jesús González, una empleada de 60 años, narró a la prensa la angustia que vivió durante la jornada del domingo: «Estuvimos encerrados, con mucho pánico, no queríamos salir, veíamos el celular y pura cosa que pasó, no pude dormir. Ahorita estoy un poco más tranquila, pero con un poco de miedo».
En el camino que lleva a Tapalpa, donde «El Mencho» fue localizado por última vez, los bloqueos de hombres armados del cártel todavía se mantienen, según reportes locales. El ejército trabaja para despejar las rutas, pero la zona sigue siendo de alto riesgo.
La muerte de «El Mencho» era un objetivo largamente buscado por las autoridades mexicanas, pero su caída destapó una caja de Pandora. La reacción violenta del CJNG demostró que el cártel no solo tiene capacidad de fuego, sino también una estructura territorial que le permite paralizar regiones enteras. Jalisco intenta volver a la normalidad, pero las largas filas para comprar comida, los negocios cerrados y el miedo en los ojos de la gente son la prueba de que la paz no se recupera de un día para el otro. México quedó herido, y la cicatriz tardará en cerrar.




