Patricia Bullrich no se guardó nada. En el discurso de cierre del debate por la reforma laboral en el Senado, la jefa de la bancada de La Libertad Avanza lanzó una catarata de definiciones contundentes que sintetizan la filosofía del oficialismo en materia de trabajo y política social.
Con su estilo directo y sin medias tintas, la exministra de Seguridad aseguró que el Gobierno terminó con la intermediación de las organizaciones sociales y que, como consecuencia, «la gente se liberó y mandó a la mierda a los gerentes de la pobreza».
Para Bullrich, los planes sociales mantenían a las personas «como ganado» y las condenaban a «la esclavitud» bajo la tutela de dirigentes que decían defenderlas. En su encendida alocución, la senadora oficialista cuestionó el poder de la «casta» sindical, celebró que «los paros generales no existen más en el mundo» y reivindicó una reforma que, según sus palabras, busca que «los derechos de los trabajadores no sean propiedad de un grupo». El mensaje, con destino a la CGT y a las organizaciones piqueteras, no pudo ser más claro. Según Noticias Argentinas.
«Gerentes de la pobreza»: el concepto que marcó la noche
La frase más fuerte de la noche llegó cuando Bullrich se refirió al vínculo entre las organizaciones sociales y los beneficiarios de planes. Para la senadora, ese vínculo era una forma de explotación que el gobierno de Javier Milei vino a romper.
«¿Hay algo más precarizado que un plan social? ¿Saben qué tenía? Un gerente de la pobreza. No tenía nada más, ni jubilación, ni riesgos de trabajo, absolutamente nada», planteó Bullrich desde su banca.
Y continuó con una reflexión que mezcló sociología y política: «Se defendieron durante años millones de planes sociales para tener a la gente como ganado. Eso no es justicia social. Eso es tener a la gente sin libertad».
Para la jefa de senadores de LLA, el cambio de paradigma se hizo evidente cuando el Gobierno terminó con la intermediación de las organizaciones en la gestión de los planes. «Cuando se liberó eso, la gente dejó de venir. No se ve más a las mujeres con los chicos viniendo, porque se liberaron. No son tontos. Se dieron cuenta que estaban explotados por aquel que decía que le daba beneficios», argumentó.
«Se liberaron y los mandaron a la mierda»: el mensaje a las organizaciones
Bullrich fue más allá y describió el proceso de «liberación» de los beneficiarios de planes como un despertar de la conciencia. «Lo más difícil para alguien que vive en la esclavitud es darse cuenta que es un esclavo. Hasta que se da cuenta, se libera y los manda a la mierda. Eso fue lo que pasó con los gerentes de la pobreza y por eso no vienen más al centro», afirmó.
La senadora contrastó la situación actual con la de gobiernos anteriores, donde según su relato, las movilizaciones eran moneda corriente. «Vienen nada más que algunos grupos antifascistas, algunos kirchneristas y algunos de izquierda. Los demás se quedan en su casa haciendo su vida y mandando a los chicos a la escuela y no trayéndolos como hacían acá», cerró.
La embestida contra el sindicalismo: «Los paros generales no existen más en el mundo»
El discurso de Bullrich también tuvo un capítulo dedicado a los gremios y su poder de movilización. La senadora cuestionó con dureza la realización de paros generales y los presentó como una práctica anacrónica.
«En el mundo los paros generales no existen más, pero acá parece que los paros generales son un juego permanente y van todos los dirigentes detrás», disparó.
Para Bullrich, la resistencia sindical a la reforma laboral es una muestra de que los dirigentes defienden sus propios intereses y no los de los trabajadores. «Queremos que los derechos de los trabajadores no sean propiedad de una casta, de un grupo. Hoy los trabajadores quieren trabajar con más libertad», aseveró.
La defensa de la reforma: «Más rigidez no es más protección»
A lo largo de su intervención, Bullrich desgranó los argumentos del oficialismo para sostener la necesidad de una reforma laboral. Con un tono didáctico pero contundente, la senadora buscó desmontar lo que consideró «dogmas» del pensamiento laboral argentino.
«Durante años se repitió un dogma: más rigidez es más protección. ¡Mentira! Más juicios, más oportunidades. ¡Mentira! Más conflicto, más justicia social. ¡Mentira!», exclamó, provocando aplausos en la bancada oficialista.
La exministra de Seguridad aseguró que esa visión dogmática llevó a la destrucción del mercado laboral. «La realidad mostró un mercado laboral destruido», sentenció, y lo atribuyó a «la persistencia en defender visiones sobre el mundo laboral que atrasan décadas».
El contrapunto con el pasado: «15 años sin crecer»
Bullrich también trazó una línea divisoria entre la gestión de Milei y los gobiernos anteriores. Con números en la mano, recordó que «hace 15 años que no crecemos, muchos de los cuales fueron gobierno los de aquel lado», en clara referencia al kirchnerismo y al resto de la oposición.
Para la senadora, la reforma laboral es la herramienta que permitirá cambiar esa historia. «Esta reforma envía señales claras. Argentina quiere volver a crecer», afirmó.
La promesa: derechos de los trabajadores, no de la casta
En el tramo final de su discurso, Bullrich resumió el espíritu de la iniciativa que el Senado estaba por aprobar. «Queremos que los derechos de los trabajadores no sean propiedad de una casta, de un grupo», enfatizó.
La frase, que funcionó como cierre conceptual de su intervención, sintetiza la estrategia discursiva del oficialismo: presentar la reforma no como un ataque a los trabajadores, sino como una liberación de los intermediarios que, según su relato, se apropiaban de sus derechos.
Patricia Bullrich cerró el debate de la reforma laboral con un discurso que quedará en la memoria de la sesión. Con conceptos fuertes como «gerentes de la pobreza», «esclavitud» y «casta», la jefa de senadores de La Libertad Avanza sintetizó la visión del oficialismo sobre el mundo del trabajo y la política social. Para ella, el gobierno de Javier Milei vino a liberar a los trabajadores de intermediarios que los explotaban en nombre de falsas defensas. La reforma ya es ley. Y el mensaje de Bullrich, destinado a la CGT y a las organizaciones piqueteras, no dejó dudas: el mapa sindical y social argentino cambió para siempre.




