Patentes en Argentina: por qué no se puede elegir el dominio del auto.
En el imaginario de muchos usuarios locales reside la idea de poder personalizar la chapa patente de su vehículo, emulando sistemas de otros países donde es posible pagar por una combinación alfanumérica especial. Sin embargo, en el territorio nacional, el sistema de identificación automotriz se rige por normas estrictas que priorizan el control estatal sobre el deseo estético del propietario. A diferencia de lo que ocurre en mercados como el de Estados Unidos o el Reino Unido, en Argentina el dominio es una pieza de fiscalización pública que no admite elección por parte del titular.
La asignación de la matrícula —actualmente bajo el estándar unificado del Mercosur— se realiza de manera estrictamente automática y correlativa. Según Perfil, este procedimiento garantiza que cada vehículo reciba la combinación alfanumérica que sigue en el orden de inscripción registral nacional. Este principio de uniformidad administrativa busca asegurar que la patente cumpla su función principal: ser un instrumento de identificación inequívoco para las autoridades fiscales y de tránsito, sin margen para la comercialización de dominios individuales.
El mito de la elección y el azar del registro
Existe un matiz que suele generar confusión entre los compradores: la posibilidad de «adivinar» qué combinación está por salir. En la práctica, algunos usuarios consultan en los registros o concesionarias para saber si la secuencia actual se acerca a una cifra de su interés (como un número capicúa o repetido). Sin embargo, es fundamental aclarar que esto no constituye un derecho ni una opción legal garantizada. No existe un mecanismo de reserva de dominios; el sistema simplemente otorga la placa que continúa en la lista al momento de finalizar el trámite de inscripción.
En términos legales, la patente está ligada al vehículo y no a la persona. Esto implica que, a diferencia de otros regímenes internacionales, en Argentina no se puede vender una combinación como un objeto independiente, ni transferir una placa de un auto a otro por mera preferencia personal. Si un vehículo posee una patente «atractiva», esto es una característica incidental y no el resultado de un mercado formal de compraventa de dominios.
Límites legales y prohibiciones en la personalización
Más allá de la numeración, la personalización estética de la chapa es un terreno fértil para las infracciones de tránsito. La Ley Nacional de Tránsito es tajante: la patente es un documento oficial emitido por el Estado y no puede ser intervenida, rediseñada ni alterada. Muchos conductores incurren en faltas al intentar «tunear» su placa mediante el uso de marcos decorativos, calcomanías o protectores que, aunque parezcan inofensivos, pueden obstruir la visibilidad de los datos.
Entre las prohibiciones vigentes hasta este 2026, se destacan:
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Modificar el tamaño, formato o tipografía original de la chapa.
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Agregar elementos que alteren o tapen las letras, números o la inscripción «Argentina».
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Cambiar los colores reglamentarios o aplicar marcos que dificulten la lectura de los códigos de seguridad del Mercosur.
El futuro del sistema registral en 2026
Hasta el mes de febrero de 2026, no existen proyectos de ley aprobados que busquen implementar un sistema de patentes personalizadas o subastas de dominios en Argentina. Un cambio de esta magnitud requeriría una reforma profunda en el sistema de fiscalización y en la base de datos de la Dirección Nacional de los Registros Nacionales de la Propiedad del Automotor (DNRPA).
Por el momento, la normativa vigente prioriza la seguridad y el orden administrativo. La chapa patente debe mantenerse original y visible para evitar multas, especialmente ante el avance de los sistemas de fotomultas y lectura de patentes que operan en las principales rutas del país. La personalización, por ahora, queda limitada a los accesorios del vehículo que no interfieran con sus elementos de identificación oficial.




