La falta de pago y el atraso en aranceles empujaron a prestadores privados a frenar atenciones a afiliados. En La Pampa ya rige el recorte y en Río Negro, Neuquén y Chubut advierten un escenario crítico, con algunas prestaciones que ya están suspendidas.
En muchas ciudades, el problema se siente con una frase sencilla y dura: guardia abierta, pero consultorios cerrados. Clínicas y sanatorios privados resolvieron suspender prestaciones a afiliados del PAMI por falta de pago y por la demora en una actualización de aranceles que, según plantean, no acompaña los costos reales. La decisión ya impacta en La Pampa y se conecta con reclamos que también involucran a prestadores de la Patagonia.
La medida empezó a regir desde este martes 10 de febrero, luego de varios días de advertencias internas y comunicados hacia el organismo. Las instituciones habían anticipado que, si no aparecía una respuesta concreta, iban a cortar servicios en esa fecha. Al llegar el día, informaron que los pagos no se concretaron y activaron el freno. De acuerdo con LA17.
El recorte no se presenta como un cierre total, sino como un cambio fuerte en qué se atiende y qué queda en espera. Desde un centro de salud privado de Santa Rosa lo explicaron con un criterio que se replica en guardias: “Mañana (por este martes) se corta porque no pagaron aun. Se atienden urgencias y dolencias o cirugías complejas. Consultorios cirugías programadas o temas ambulatorios que puedan esperar hasta que no paguen no atendemos ni las clínicas pampeanas ni las de la Patagonia. En las guardias de las instituciones los médicos definirán qué se atiende y qué puede esperar”. La frase deja un mapa concreto del impacto inmediato: postergación de turnos y prioridad a lo impostergable.
El conflicto no se limita a una institución ni a una sola ciudad, porque los prestadores describen una cadena financiera que se corta por el mismo lugar. Hablan de atrasos en pagos y de una depreciación sostenida de los valores arancelarios, con mayor presión en los últimos dos meses. En ese escenario, cada semana sin desembolsos corre el límite de lo que pueden sostener sin resentir la atención habitual.
Días atrás, clínicas, sanatorios y hospitales privados elevaron una nota formal al director del PAMI, Esteban Leguizamón, para advertir que iban a suspender prestaciones si no recibían una respuesta sobre la deuda y los aranceles. El mensaje buscó dejar constancia del problema antes de la fecha de corte. También apuntó a evitar que la situación se desborde, con un pedido explícito de definiciones.
En La Pampa, el reclamo quedó respaldado por firmas locales que se sumaron a la advertencia. Acompañaron la nota la Clínica Argentina y la Clínica Regional de General Pico, además del Sanatorio Santa Rosa y la Clínica Modelo de la capital provincial. Ese bloque se integró a una lista más amplia de prestadores que incluye instituciones de Río Negro, Neuquén y Chubut, que esperan una respuesta para no profundizar el recorte.
El punto de fondo aparece en un número que los prestadores repiten como argumento central: el peso del PAMI en su facturación. Señalan que la participación del organismo en los ingresos totales representa, en promedio, el 40%. Con ese nivel de dependencia, cada atraso se traduce en tensiones directas sobre salarios, insumos, servicios tercerizados y funcionamiento general.
En paralelo, el conflicto abre una preocupación adicional que los propios prestadores ya mencionan como posibilidad si la falta de respuesta se prolonga. La semana pasada, se advirtió que el escenario podía escalar hacia una suspensión de servicios también para jubiladas y jubilados de ANSES. No es una definición ejecutada en la fuente, pero sí un dato que refleja el clima que rodea a la negociación.
Mientras tanto, en la práctica cotidiana, el sistema queda sostenido por un criterio médico de priorización que cambia el acceso a la atención. Guardias y casos complejos siguen como primera línea, pero lo programado queda sujeto a la resolución del conflicto. Y en ese margen de espera, el dato que pesa no es técnico: es la incertidumbre concreta de miles de afiliados que dependen de esas prestaciones para atenderse.




