Argentina enfrenta una caída sostenida en la donación voluntaria de sangre, una situación que compromete la respuesta ante cirugías, emergencias, partos complejos y tratamientos oncológicos. Especialistas advierten que el impacto es directo sobre la salud pública, ya que no existe un sustituto artificial que reemplace este recurso esencial.
Se estima que 9 de cada 10 personas necesitarán una transfusión en algún momento de su vida. Sin embargo, el número de donantes habituales —quienes garantizan mayor seguridad transfusional— disminuye año tras año. Según datos oficiales, si entre el 3% y el 5% de la población sana donara sangre dos veces por año, se cubriría la demanda nacional.
La sangre tiene un tiempo limitado de conservación: los glóbulos rojos duran hasta 42 días refrigerados, las plaquetas apenas cinco días a temperatura controlada y el plasma puede mantenerse congelado por más tiempo. Por eso, el abastecimiento debe ser constante.
Cada donación permite ayudar hasta a tres personas, ya que el material se fracciona en glóbulos rojos, plasma y plaquetas, utilizados según la necesidad clínica. Pacientes con leucemia o talasemia pueden requerir transfusiones frecuentes, al igual que víctimas de accidentes o personas sometidas a cirugías complejas. De acuerdo con Infobae y Radio 3.
El proceso está regulado por la Ley 22.990 e incluye entrevista médica, controles clínicos y estudios serológicos para detectar infecciones transmisibles. Se extraen alrededor de 450 mililitros en un procedimiento seguro que dura unos 45 minutos.
Entre los requisitos figuran tener entre 18 y 65 años, pesar más de 50 kilos y gozar de buena salud. No se puede haber tenido cirugías o tatuajes recientes (menos de seis meses). Los varones pueden donar cada tres meses y las mujeres cada cuatro.
Los especialistas subrayan que persisten mitos que desalientan la participación, como el temor a contagios o efectos negativos sobre el organismo. La donación es un acto voluntario, anónimo y seguro, y el cuerpo repone rápidamente el volumen extraído.
En el Hospital de Clínicas de Buenos Aires, por ejemplo, se requieren al menos 20 donantes diarios para sostener la atención. Durante el verano, la merma suele acentuarse.
El desafío, coinciden los expertos, no es solo aumentar la cantidad de donantes, sino fomentar la donación habitual y solidaria, clave para garantizar la disponibilidad y seguridad de la sangre en todo el país.




