Crisis de oficios en Argentina: la falta de técnicos afecta la producción.
En el actual escenario socioeconómico argentino, surge una paradoja que preocupa tanto a especialistas como a cámaras empresariales: la dificultad de los jóvenes para insertarse en el mercado laboral convive con una alarmante escasez de mano de obra en sectores estratégicos. No se trata solo de la necesidad de científicos o ingenieros de elite, sino de una carencia estructural de oficios esenciales y formaciones técnicas intermedias que son el motor de la vida cotidiana y la industria nacional.
Esta desconexión entre la formación académica elegida por los estudiantes y los requerimientos reales de las empresas expone una falla en el planeamiento de recursos humanos a largo plazo. Según La17, esta brecha crece debido a una tendencia cultural que prioriza las carreras sociales tradicionales por sobre las tecnicaturas operativas. Como resultado, mientras disciplinas como abogacía o psicología se encuentran saturadas, rubros como la construcción o la energía sufren para cubrir vacantes básicas.
El declive de los oficios y la presión de la oferta y demanda
El mercado inmobiliario y de la construcción es uno de los termómetros más claros de esta crisis. Hoy en día, encontrar profesionales calificados para instalaciones básicas se ha transformado en un desafío logístico para los desarrolladores. Al respecto, el empresario Beltrán Briones fue contundente al analizar la situación: “Nadie quiere ser plomero, nadie quiere ser electricista”. Esta falta de interés por los oficios manuales genera que, por lógica de mercado, los servicios disponibles encarezcan su valor debido a la bajísima oferta.
El especialista en mercado laboral Matías Ghidini coincide en que el problema es profundo. “En Argentina faltan conocimientos y experiencias técnicas”, sostuvo el experto, remarcando que esta carencia atraviesa todos los niveles. La distorsión es tal que, en muchos casos, un trabajador de un sector operativo con experiencia técnica puede percibir ingresos superiores a los de un contador o un administrativo recién graduado, debido a la urgencia de las empresas por cubrir esos puestos críticos.
La brecha entre la universidad y el sector productivo
El ideal del título universitario tradicional sigue pesando con fuerza en las decisiones familiares, relegando a las escuelas técnicas a un segundo plano, a pesar de su alta tasa de empleabilidad. Ghidini destaca que mientras el país gradúa miles de profesionales en áreas sociales, sectores como el tecnológico arrastran más de diez mil vacantes sin cubrir. El caso de Vaca Muerta es quizás el ejemplo más gráfico de esta desinteligencia estratégica: se necesitan cientos de ingenieros especializados por año, pero la academia apenas logra graduar a menos de cincuenta.
“Argentina carece de un planeamiento estratégico de sus recursos humanos”, lamentó Ghidini, señalando que el país no define con claridad qué perfiles necesita para sostener su modelo de crecimiento. Ante esta situación, la revalorización de la educación técnica surge como una solución inmediata. Las escuelas técnicas y las formaciones cortas con salida laboral práctica aparecen hoy como la pieza faltante para completar la cadena productiva y ofrecer a la juventud una salida económica real, estable y necesaria para el desarrollo nacional.




