La Asociación Argentina de Capitanes, Patrones y Pilotos de Pesca conmemora un nuevo aniversario de su fundación, consolidada como un pilar fundamental del sector marítimo nacional
En diálogo con FM Del Viento, su secretario general, Jorge Frías, realizó un recorrido histórico desde aquel 1983 en Mar del Plata hasta la actualidad. Con una mirada puesta en el futuro, el dirigente subrayó que el crecimiento de la industria no solo depende de la renovación de la flota, sino de una evolución intelectual y una capacitación constante de los trabajadores del mar.
El nacimiento de una identidad marplatense y federal
La organización surgió en 1983, fruto de la necesidad de los capitanes de tener una representación directa y cercana. En aquel entonces, las decisiones se centralizaban en Buenos Aires, lo que generaba demoras críticas en la comunicación. «No existía la infraestructura actual, y los requerimientos de los trabajadores tardaban demasiado en obtener respuesta», recordó Frías. Esta distancia motivó la creación de una entidad con sede central en Mar del Plata, una particularidad dentro del sindicalismo argentino que refuerza su carácter federal y pesquero.
Desde sus inicios, la asociación ha mantenido vínculos estrechos con organismos de logística y transporte, como la CATT, adaptándose a las transformaciones de la industria. Frías rememoró que, en los años ochenta, la actividad se centraba en la flota costera y la merluza, mucho antes de la llegada de los grandes buques poteros y congeladores que hoy dominan el caladero argentino.
De la lucha salarial a la formación profesional
Tras asumir la conducción en 2010, la gestión de Frías marcó un hito al regularizar las condiciones laborales. «Logramos firmar los primeros convenios colectivos en 2011, y para 2015 ya teníamos acuerdos con todas las cámaras empresarias», señaló el dirigente. Sin embargo, superada la etapa de la normalización administrativa, el enfoque viró hacia la seguridad y la educación.
Para Frías, la responsabilidad de un capitán es total: responde por la vida de su tripulación, la integridad del buque y el cumplimiento de normativas ambientales y portuarias. Esta convicción nace de una dura experiencia personal: un naufragio en su juventud donde perdió a su hermano. «La diferencia entre una tragedia y una historia con final feliz suele estar en la preparación», afirmó, destacando que la seguridad náutica es un compromiso innegociable.
El desafío intelectual de la pesca argentina
Hacia el cierre de su reflexión, el titular de la Asociación planteó que el verdadero cambio que necesita el sector es de carácter intelectual. Si bien la tecnología de punta es necesaria, el recurso humano debe evolucionar al mismo ritmo para que el sistema sea sostenible y eficiente.
El gremio se proyecta hacia las próximas décadas con la premisa de que la profesionalización es la única vía para enfrentar los cambios de una industria globalizada. El objetivo es claro: transformar la experiencia empírica de los hombres de mar en un conocimiento académico y técnico que garantice el liderazgo de la pesca argentina en el Atlántico Sur.




