En un clima de extrema volatilidad, el excomandante del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica, Mohsen Rezaei, lanzó una advertencia letal contra lo que denominó «agresores»
Según el funcionario, cualquier ofensiva contra la infraestructura iraní será respondida bajo una nueva doctrina: «cabeza por ojo».
«Quedarán paralizados y se ahogarán en el Golfo Pérsico», sentenció Rezaei, asegurando que esta es la postura unificada de las fuerzas armadas y del Líder Supremo, Mojtaba Khamenei.
Las condiciones de Irán para la paz
A pesar de que Donald Trump mencionó «conversaciones productivas», desde Teherán se mantiene una línea de exigencias inamovibles para cesar las hostilidades con Estados Unidos:
- Reparaciones completas: Exigen compensaciones por los daños sufridos durante el conflicto.
- Levantamiento de sanciones: Fin total a las restricciones económicas que pesan sobre el país.
- No injerencia: Garantías de que EE. UU. no intervendrá en los asuntos internos de la nación persa.
El factor Pezeshkian y el apoyo regional
Por su parte, el presidente de Irán, Masoud Pezeshkian, mantuvo una comunicación clave con el primer ministro de Pakistán, Shehbaz Sharif. Durante la charla, Pezeshkian denunció que la inseguridad en el Estrecho de Ormuz es una consecuencia directa de la agresión militar externa.
Puntos destacados de la comunicación:
- Defensa Natural: Irán ratifica su derecho «inalienable» a defender su territorio tras la muerte de su anterior líder, Ali Jamenei.
- Seguridad Marítima: El presidente iraní afirmó que han tomado medidas para garantizar el paso seguro de buques, gesto que fue agradecido por Pakistán.
- Condolencias de Pakistán: Sharif expresó su pesar por las bajas civiles y de altos mandos iraníes, instando a un esfuerzo regional para recuperar la estabilidad.
Un escenario de contradicciones
Mientras Rezaei afirma que la guerra continuará hasta que se cumplan sus demandas, también reconoció que han existido contactos para una «resolución total de las hostilidades». Esta dualidad entre la retórica de guerra y la vía diplomática mantiene al mercado energético en vilo, especialmente tras las amenazas sobre la navegabilidad en el Golfo Pérsico.




