En una operación militar sin precedentes, las Fuerzas de Defensa de Israel confirmaron que bombardearon «en el corazón de Teherán» el búnker subterráneo donde se ocultaba el exlíder supremo iraní, Alí Jamenei. El ataque, ejecutado por 50 aviones de combate, profundiza la guerra que ya lleva una semana y que comenzó con la muerte del propio Jamenei.
La escalada bélica en Medio Oriente acaba de sumar un capítulo digno de una película de espías. Este viernes 6 de marzo, las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) emitieron un comunicado explosivo: bombardearon «en el corazón de Teherán» el búnker militar subterráneo que pertenecía al exlíder supremo iraní, Alí Jamenei. Según detalló el parte castrense, reproducido por la agencia Deutsche Welle, la instalación estaba «ubicada bajo el complejo de la cúpula del régimen terrorista iraní» y funcionaba como un centro de mando seguro para emergencias. Según DW.
La operación no fue un simple ataque aéreo. Fue una demostración de fuerza quirúrgica: nada menos que 50 aviones de combate de la fuerza aérea israelí, guiados por «inteligencia precisa», cruzaron los cielos para dejar fuera de combate el refugio secreto de quien, hasta hace apenas una semana, era el hombre fuerte de Irán.
La semana que cambió Medio Oriente: Jamenei ya estaba muerto
El bombardeo al búnker, por más espectacular que sea, tiene una fecha de vencimiento trágica: el líder supremo ya no estaba allí para usarlo. El propio Israel confirmó que Jamenei murió el sábado 28 de febrero, durante los bombardeos masivos que, junto a Estados Unidos, lanzaron sobre Irán y que dieron inicio a la guerra que hoy tiene en vilo a toda la región.
Lo que comenzó como una operación conjunta para decapitar al régimen iraní se transformó en un conflicto abierto que, al momento de este nuevo ataque, está a punto de cumplir una semana de duración. El bombardeo al búnker, entonces, no fue un intento de asesinato, sino un golpe simbólico y estratégico: destruir la infraestructura de mando de un enemigo ya caído, y enviar un mensaje claro a sus sucesores sobre el poder de fuego y la precisión israelí.
50 halcones de hierro: la operación que estremeció Teherán
El comunicado de las FDI no escatimó en detalles para graficar la magnitud del ataque. La operación, que tuvo como blanco una instalación enterrada en una de las zonas más sensibles de la capital iraní, requirió una coordinación y una capacidad de penetración aérea que muy pocas fuerzas armadas del mundo pueden exhibir.
Los 50 aviones de combate israelíes no solo violaron el espacio aéreo iraní, sino que lo hicieron para bombardear un objetivo situado «bajo el complejo de la cúpula del régimen», una zona que se suponía inexpugnable. La inteligencia precisa, según el parte oficial, permitió dar en el blanco sin (hasta ahora) informar sobre víctimas colaterales, aunque el objetivo principal ya era un búnker vacío de su ocupante original.
El bombardeo, lejos de calmar las aguas, las revuelve aún más. Irán, que ya está sumido en una crisis de liderazgo tras la muerte de Jamenei, ahora ve cómo su infraestructura militar de comando es reducida a escombros. La guerra que comenzó hace una semana no muestra signos de detenerse, y este nuevo golpe israelí podría ser la chispa que encienda una respuesta aún más violenta por parte de los ayatolás que quedan en pie.




