El conflicto en Medio Oriente pone en jaque las exportaciones argentinas.
La reciente escalada bélica en Medio Oriente, marcada por la tensión entre el bloque de Estados Unidos e Israel frente a Irán, ha generado un temblor en el comercio internacional con efectos directos sobre la economía argentina. El cierre del estrecho de Ormuz y el consecuente disparo del crudo Brent, que trepó un 15% en apenas días, no solo amenazan con una inflación global sostenida, sino que colocan en una situación de vulnerabilidad a los sectores productivos locales que mantienen un superávit comercial clave con dicha región.
La preocupación se extiende entre analistas y cámaras exportadoras, dado que Medio Oriente es actualmente el destino con el que Argentina sostiene su mayor estatus superavitario. Según iProfesional, entidades como CIARA-CEC advierten que, de prolongarse el enfrentamiento, las exportaciones de productos agrícolas —que el año pasado superaron las 10 millones de toneladas— podrían sufrir revisiones contractuales ante la inestabilidad de las rutas marítimas y el encarecimiento logístico.
Impacto en las economías regionales y el agro
Uno de los casos más críticos es el de la yerba mate en Misiones. La empresa Yerba Don Omar, en Andresito, debió paralizar sus exportaciones a Siria debido a que las navieras cancelaron las reservas ante la imposibilidad de garantizar rutas seguras. Esta situación afecta directamente a toda la cadena de proveedores y trabajadores del norte misionero. En paralelo, el flujo de granos hacia Arabia Saudita (principal comprador de maíz y harina de soja), Irak y Emiratos Árabes Unidos se encuentra bajo vigilancia estricta por el riesgo de bloqueos.
Además del riesgo en los envíos, el sector agrícola enfrenta una amenaza en sus costos de producción. Argentina importa de Medio Oriente el 60% de los fertilizantes nitrogenados (como la urea). Un bloqueo prolongado en el estrecho de Ormuz encarecería la siembra local, restando competitividad y afectando potencialmente el volumen de la cosecha nacional.
El «doble filo» de Vaca Muerta y el precio de la energía
Para expertos como Miguel Ponce, el escenario presenta una dualidad compleja. Por un lado, la suba del precio internacional del petróleo y el GNL favorece la rentabilidad de Vaca Muerta, convirtiendo a la Argentina en un beneficiario neto por el ingreso de divisas ante el aumento del Brent. La suspensión de producción de GNL por parte de Qatar, que disparó los precios un 45%, abre una ventana de oportunidad para las aspiraciones exportadoras del país en el corto plazo.
Sin embargo, este «viento de cola» energético choca contra una «tormenta perfecta» logística. El alargamiento de las rutas marítimas y los «recargos de guerra» aplicados por las navieras encarecen los fletes de manera generalizada. A esto se suma la presión inflacionaria interna: el aumento del petróleo impacta en el valor de las naftas locales, encareciendo el transporte de carga por camión, que es el sostén del movimiento de bienes exportables en Argentina.
Mercados ganados y la incertidumbre del tiempo
Analistas como Marcelo Elizondo señalan que, aunque el comercio con Medio Oriente representa cerca del 7% del total de las exportaciones argentinas, la región ha sido fundamental para colocar productos específicos. Recientemente, se habían consolidado envíos de alfalfa a Emiratos Árabes y se reanudaron las ventas de carne ovina a Omán tras 19 años. Estos nichos, que mostraron un crecimiento del 34% hasta agosto de 2025, son los que hoy penden de un hilo.
La clave de la profundidad del daño reside en la duración de la contienda. Si el conflicto se resuelve en pocas semanas, el impacto podría ser amortiguado; pero si la guerra se extiende, Argentina enfrentará serias dificultades de acceso a mercados y una pérdida de rentabilidad por la suba de insumos importados. El desafío para el Gobierno será administrar este escenario donde los beneficios macro de la energía deben equilibrarse con los riesgos inmediatos para la agroindustria nacional.




