El Pentágono inició el despliegue de miles de soldados e infantes de Marina en Medio Oriente
Tras un mes de bombardeos, la guerra entra en una fase crítica con una ofensiva terrestre que desafía las críticas internacionales y la resistencia interna en EE. UU.
En un giro dramático que marca el inicio de la quinta semana de hostilidades, el gobierno de Donald Trump ha decidido profundizar la incursión militar contra Irán. Pese a las masivas manifestaciones en diversas ciudades de Estados Unidos y el creciente escepticismo de los aliados europeos, el Pentágono confirmó que las tropas ya se encuentran en posición para iniciar operaciones terrestres en territorio persa. Lo que comenzó como una campaña de ataques aéreos coordinados con Israel se ha transformado ahora en una invasión formal que amenaza con desestabilizar por completo la región.
Despliegue masivo y una nueva fase de la guerra
Fuentes oficiales del Departamento de Defensa informaron que miles de efectivos, incluyendo unidades de élite de la Marina, han arribado a la zona de conflicto en las últimas horas. Esta movilización masiva sugiere que Washington se prepara para una ocupación prolongada, dejando atrás la posibilidad de una tregua que se venía barajando en los pasillos diplomáticos durante la última semana.
El objetivo de esta fase terrestre, según analistas militares, es desarticular la infraestructura de mando y control que sobrevivió a los bombardeos iniciales. Sin embargo, el ingreso de tropas al terreno iraní representa un riesgo exponencial, no solo por la geografía hostil del país, sino por la capacidad de respuesta de las milicias locales y el potencial estallido de un conflicto regional de escala impredecible.
Críticas internacionales y tensión en la Casa Blanca
La decisión de Trump de avanzar por tierra ha caído como un balde de agua fría en las capitales europeas, que mantienen una postura crítica ante la falta de una salida negociada. Mientras tanto, en el frente interno, el mandatario enfrenta una presión social sin precedentes, con protestas que exigen el cese de lo que muchos consideran el inicio de una «nueva guerra interminable».
A un mes exacto del primer ataque, la escalada no muestra signos de detenerse. Las próximas semanas serán fundamentales para determinar si la superioridad tecnológica de la coalición liderada por EE. UU. e Israel logra sus objetivos rápidamente o si, por el contrario, el conflicto se empantana en una guerra de guerrillas que pondría en jaque la estabilidad económica mundial y el precio del petróleo.




