El ministro de Economía, Luis Caputo, ya se encuentra en Washington D.C. para dar inicio a una agenda cargada de definiciones financieras
En el marco de las reuniones de primavera del Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial, el titular del Palacio de Hacienda busca consolidar el camino de la segunda revisión del acuerdo vigente y garantizar el flujo de divisas hacia las arcas del Banco Central.
Una agenda de alto nivel en Washington
Durante su estadía en la capital estadounidense, Caputo mantendrá encuentros de máxima relevancia institucional. En la hoja de ruta sobresale la reunión con Kristalina Georgieva, directora gerente del FMI, y con Ajay Banga, presidente del Banco Mundial.
El objetivo central del Gobierno es destrabar un desembolso aproximado de 1.000 millones de dólares, correspondiente al programa de facilidades extendidas. Más allá del número, la misión política es ratificar el rumbo económico ante los referentes financieros internacionales y asegurar el apoyo técnico en un año que se perfila desafiante.
Metas fiscales y el desafío de las reservas
La revisión del organismo internacional pone la lupa sobre dos ejes fundamentales: el superávit fiscal y la acumulación de reservas internacionales. Si bien el equipo económico llega con la «escarapela» de haber logrado un superávit primario por encima de lo pactado, la situación del Banco Central es distinta.
Las dificultades para alcanzar los niveles de reservas exigidos han puesto sobre la mesa la posibilidad de que Argentina solicite un «waiver» (dispensa) ante el FMI. En paralelo, el Banco Central de la República Argentina trabaja en una estrategia agresiva para reforzar sus activos en unos 10.000 millones de dólares, buscando dar previsibilidad al mercado cambiario.
El contexto: inflación y proyecciones para 2026
La llegada de Caputo se produce en un clima de claroscuros económicos. Por un lado, el dato reciente de inflación de marzo, que se ubicó en el 3,4%, muestra una desaceleración respecto a meses previos. Sin embargo, el panorama a largo plazo es más complejo.
El propio FMI ha actualizado sus proyecciones para la economía argentina en 2026, advirtiendo sobre un menor crecimiento y una persistencia en la presión inflacionaria. Con estos números en mano, el ministro deberá convencer a los organismos de que el programa de ajuste es sostenible en el tiempo a pesar de la ralentización de la actividad.




