Revelan millonaria red rusa para desprestigiar a Javier Milei.
Una exhaustiva investigación periodística internacional basada en la filtración de 76 documentos ha dejado al descubierto las operaciones de «La Compañía», una red respaldada por los servicios de inteligencia de Rusia. Según los registros, esta estructura orquestó una agresiva campaña de desinformación e influencia mediática entre junio y octubre de 2024, con el objetivo de desacreditar al gobierno emergente de Javier Milei, polarizar a la sociedad argentina y castigar el alineamiento del mandatario con Estados Unidos y Ucrania.
La maniobra, develada por el medio africano The Continent y validada por un consorcio global que incluye a openDemocracy, Forbidden Stories, Filtraleaks y Dossier Center, expone cómo el ecosistema mediático argentino fue permeado por perfiles falsos, noticias fabricadas y una fuerte inyección de dinero en las sombras.
El modus operandi de «La Compañía» y sus firmas fantasma
Los archivos internos rusos detallan un presupuesto de US$ 283.000 destinado específicamente a «inyectar» una red para la distribución de al menos 250 artículos críticos en más de 20 medios digitales de Argentina. A esto se sumaron otros US$ 343.000 para recopilación de inteligencia, encuestas y perfiles de políticos y sindicalistas.
Para ejecutar la campaña, la red creó periodistas ficticios, generados parcial o totalmente con Inteligencia Artificial. Entre ellos destaca «Manuel Godsin», cuya foto pertenece en realidad a un ruso llamado Mikhail Malyarov. Otros «autores» que inundaron los portales argentinos fueron Gabriel di Taranto, Juan Carlos López y Marcelo Lopreiatto, todos con currículums inventados y rostros sacados de bancos de imágenes o creados con software.
Medios involucrados y las respuestas de sus editores

Los documentos rusos incluyen un tarifario que va desde los US$ 350 a los US$ 3.100 por artículo publicado, aunque la investigación no pudo constatar si esos montos (considerados inflados frente a la realidad local) llegaron directamente a los medios, a periodistas o si se perdieron en intermediarios.
Portales como Diario Registrado (al que se le atribuyen 26 notas por US$ 28.600), C5N (17 notas por US$ 32.500), Ámbito (8 notas), A24.com (10 notas) y Diario Con Vos (37 notas) figuran en las planillas, al igual que Big Bang News y Dos Bases. La mayoría de sus directivos guardó silencio o negó cobros.
Santiago Sautel, director de Realpolitik (portal donde supuestamente se pagaron US$ 11.000 por 20 artículos), se despegó de la acusación: “Publicamos columnas de opinión todo el tiempo. El origen de estas, en particular, lo desconocemos. Sí damos fe de que no se trató de ninguna maniobra non sancta cocinada tras bambalinas en una sede diplomática. Y si algunas de estas publicaciones se orquestaron en las sombras bajo algún interés puntual, lo desconocemos”.
Por su parte, Yair Cybel, editor en jefe de El Grito del Sur, negó haber recibido los US$ 2.400 que figuran en las planillas rusas, pero fue tajante sobre su línea editorial: el medio acepta “toda información dispuesta a desacreditar al gobierno de Milei, con fundamento en la realidad objetiva”. Además, sentenció: “Nuestro medio respalda fervientemente a la Federación Rusa en su conflicto con Ucrania, a Palestina en el genocidio al que lo somete Israel y a Argentina en su reclamo por Malvinas. Nuestro comité editorial en plenitud anhela que las tropas rusas de Putin avancen hasta tomar Londres, y hará su humilde aporte comunicacional para que eso se concrete”.
Fake news, espionaje y tensiones regionales con Chile

La Compañía no solo opinó sobre la economía, sino que fabricó hechos. Un documento detalla explícitamente: “Para crear tensión entre Argentina y Chile (13-29 de agosto), se introdujo una noticia sobre Milei enviando un grupo de sabotaje para organizar un ataque terrorista contra el gasoducto transandino en Chile con el fin de interrumpir un contrato de gas, en interés de EE.UU.”.
Esta historia sin sustento fue publicada por El Destape bajo una firma incomprobable y replicada en Chile. Juan Luis Rubilar, editor del medio chileno Osorno en Vivo, explicó: “Alguien copió la nota y la puso en la web. No sabemos quién. No se recibió pago. Mil disculpas; si es falsa la podemos sacar de la web”.
Otra invención apuntó a la excentricidad del presidente. Los archivos indican la orden de “inyectar una noticia sobre Milei comprando 5 collares para perros de Cartier por valor de US$ 64 mil en EE.UU.”, replicada en redes y foros del exterior.
La operación en Argentina estuvo coordinada por Alexey Evgenievich Shilov, ex contratista del Grupo Wagner. Su propia biografía filtrada resalta que “organizó y llevó a cabo una operación sociopolítica para desacreditar la política proucraniana de los dirigentes de Argentina”. Sin embargo, la red sintió la presión del contraespionaje. Un reporte ruso de octubre de 2024 advirtió: “A la luz del mayor control de los servicios especiales argentinos sobre la injerencia externa, los acuerdos alcanzados con las fuerzas de la oposición permitirán llevar a cabo más trabajo en el territorio del país utilizando fuerzas locales”.
Meses después, en 2025, el Gobierno argentino expuso a los ciudadanos rusos Lev Konstantinovich Andriashvili e Irina Yakovenko como líderes de la red. Patricia Bullrich, quien fue ministra de Seguridad hasta diciembre de 2025, confirmó: “Recibimos información fehaciente sobre una campaña de desinformación rusa en contra de nuestro gobierno”. Pese a ello, Andriashvili lo negó rotundamente a la prensa: “Nunca hemos contactado a medios de comunicación, periodistas ni figuras políticas. Y no tenemos ninguna relación con la organización mencionada en su descripción. Tampoco se han presentado pruebas que respalden dichas acusaciones, simplemente porque no existen”.
El negocio del caos y la fragilidad del ecosistema mediático

La proliferación de esta campaña se explica, en gran medida, por la crisis del periodismo. Martín Becerra, investigador del Conicet, fue lapidario al analizar el escenario: “Es posible, pero no muy frecuente, que un redactor pueda colar publicaciones sin conocimiento de su editor. Y, si es cierto que esta red pagó más de 250 artículos, entonces es muy improbable que ningún editor o editora haya prestado atención al tema”.
“La precarización de los medios, el relajamiento excesivo de la curaduría editorial y la consecuente permisibilidad de las empresas periodísticas habilita un entorno favorable a campañas de desinformación”, agregó el experto.
Becerra concluyó que el objetivo final ruso no siempre es apoyar a un candidato específico, sino la disrupción pura: “El Wagner Group, y en general las actividades de Putin en desinformación e inteligencia consisten en crear caos y desorden, generando un panorama de descrédito de instituciones legitimadas en el pasado, medios y periodistas incluidos. El resultado de esa inversión fue el opuesto al teóricamente pretendido. Lo que me hace dudar acerca de sus verdaderos propósitos”.




