La guerra en Medio Oriente y el bloqueo del estrecho de Ormuz impactaron de lleno en la rentabilidad del campo argentino. Los costos de producción se dispararon por el aumento de insumos clave como la urea (fertilizante fundamental para el trigo) y el combustible, mientras que el Estado sigue llevándose una porción cada vez mayor de la renta agrícola.
Según el Índice FADAde marzo 2026, el 62,5% de la renta se va en impuestos nacionales, provinciales y municipales, 6,1 puntos porcentuales más que en diciembre de 2025.
Un combo letal: suben los costos y también los impuestos
El aumento del Índice FADA es una combinación de dos factores: la suba de los costos de producción, que achica la renta agrícola, y la actualización de impuestos provinciales y tasas municipales, que hace que haya más pesos a pagar por cada hectárea. “Cuando la renta se achica, los impuestos representan una porción más grande”, explica Nicolle Pisani Claro, economista jefa de FADA (Fundación Agropecuaria para el Desarrollo de Argentina).
“Este combo de costos en alza, ingresos ajustados y actualización de tributos provinciales genera un efecto claro: aunque los impuestos que nos cobran no cambien estructuralmente, pesan más sobre una renta que es menor”, agrega Antonella Semadeni, economista de FADA.
Cultivo por cultivo: el trigo en zona crítica, con una carga impositiva del 104,4%
El análisis por cultivo muestra realidades muy distintas, pero con un denominador común: la disminución de la rentabilidad. En soja, el Estado participa con el 61,6% de la renta; en maíz, el indicador alcanza el 56,8% ; en girasol, el porcentaje trepa al 80,3% .
Sin embargo, el dato más crítico es el que arroja el trigo, que llega al 104,4% . “Esto significa que la carga impositiva es mayor a la renta generada, en otras palabras, que el resultado económico no alcanza siquiera para cubrir el pago de los impuestos”, señala Fiorella Savarino, economista de FADA.
El impacto de la guerra: la urea subió 43% y el combustible disparó los fletes
Uno de los factores que explica este escenario es el fuerte aumento en el costo de los fertilizantes, especialmente la urea, un insumo fundamental para la producción agrícola. El conflicto en el estrecho de Ormuz —por donde circula aproximadamente el 20% del petróleo, el 25% del gas y el 50% de la urea a nivel global— generó tensiones en los mercados internacionales.
El precio de la urea registró un aumento del 43% respecto a diciembre y del 39% en términos interanuales. Este incremento impacta de manera directa en los costos productivos, especialmente en cultivos como el trigo y el maíz, que tienen una alta dependencia de la fertilización.
Salarios agrícolas y fletes: aumentos que superan la inflación
“El encarecimiento de los insumos no es el único factor que presiona sobre los costos. También se registraron aumentos en otros componentes claves”, revela Luz Silvetti, economista de FADA.
Las labores o salarios agrícolas aumentaron un 33% desde diciembre, muy por encima de la inflación estimada para el mismo período (8,6%), lo que refleja un desfasaje importante en los costos operativos. Los fletes también muestran subas, impulsadas en gran parte por el aumento del combustible producto de la guerra: un 8,4% en pesos y un 12% en dólares respecto a la medición anterior, lo que impacta directamente en la competitividad, especialmente en regiones alejadas de los puertos.
A esto se suma el deterioro en la relación insumo-producto. Hoy, para adquirir una tonelada de urea se necesitan 3,9 toneladas de maíz o 3,8 toneladas de trigo, una relación menos favorable que la de un año atrás.
Impuestos provinciales y municipales: subas que presionan aún más
A inicios de año, los impuestos provinciales y municipales sufren actualizaciones, pasando de explicar el 6,4% del total de impuestos que pagaba el productor a fin de 2025, a un 9,7% (casi 10%) a inicios de 2026. En particular, se registran aumentos del Impuesto Inmobiliario Rural que promedia a nivel nacional el 79% , empujado principalmente por Buenos Aires. A nivel municipal, las subas rondan el 32% .
“Todo esto configura un escenario en el que producir requiere cada vez más recursos, reduciendo los márgenes del productor”, agrega Silvetti.




