Un sector de la costa de Puerto Madryn llegó al verano con su vegetación intacta y salió de la temporada sin esa cobertura que ayudaba a fijar la arena. Ese dato, contado por el equipo que trabaja sobre los médanos del frente costero, resume mejor que cualquier consigna el punto en el que está hoy la playa: hay recuperación visible, pero también un desgaste cotidiano que vuelve a empujar el problema.
La escena no habla de un paisaje quieto, sino de un sistema que mejora con trabajo constante y retrocede cada vez que el tránsito, el desconocimiento o el uso intensivo vuelven a romper lo que recién empieza a consolidarse.
Desde el Laboratorio de Investigaciones en Ambientes Costeros y Turismo del Golfo Nuevo, Alejandro Monti y Nadia Velázquez Barloa plantearon que el centro de la discusión no está en una estructura aislada, sino en una relación mucho más profunda entre el médano y la playa.
«El médano y la playa son lo mismo»
Monti lo resumió con una frase que ordena todo el programa: «El médano y la playa son lo mismo». Por eso, cuando una persona atraviesa donde no debe, desarma un enquinchado o abre un paso por comodidad, el daño no queda en ese montículo de arena, porque también debilita la playa que después se quiere conservar y disfrutar.
El programa que llevan adelante junto con el municipio desde 2022 ya dejó señales concretas de avance en varios sectores. Los enquinchados , esas barreras atraparena colocadas en puntos estratégicos, lograron retener sedimento al punto de que hoy en algunos lugares ya se trabaja sobre un segundo nivel de estructuras.
El desafío de la vegetación: uña de gato vs. especies autóctonas
Monti explicó que prefiere hablar de lo que se ganó y no solo de lo que se perdió, porque antes de este manejo la arena se acumulaba sobre el murete costero, se retiraba del lugar y quedaba afuera del sistema. Ahora, una parte vuelve a la playa y otra queda contenida para reconstruir el médano.
Ese proceso no termina cuando la barrera atrapa arena, sino cuando el médano logra quedar fijo con vegetación. Ahí aparece una de las discusiones más sensibles del plan, porque el equipo necesita plantas que ayuden a inmovilizar rápido el frente costero, pero al mismo tiempo debe controlar especies que no son autóctonas. Explicaron que la uña de gato se coloca solo sobre el frente que mira a la rambla, pegada al murete, y que después se corta y se retira cuando crece demasiado, dentro de un manejo específico que intenta resolver una urgencia sin soltar el control sobre una especie invasiva.
Cuatro años sin cercar la costa: «No hemos delimitado el paso en ningún sector»
La apuesta del programa no fue cerrar la costa ni correr a la gente de la playa, sino intentar recuperar con uso público al mismo tiempo. Monti destacó que llevan «cuatro años y un poco más con el programa de médano y no hemos cercado ni delimitado el paso en ningún sector en ningún momento» , algo que para el equipo representa un dato a rescatar y no una concesión menor.
La intervención fue por otro lado: abrir pasos en coincidencia con sectores de pluviales para concentrar el impacto en un mismo punto y acostumbrar a los visitantes a circular por esos ingresos, en vez de subir por cualquier parte del murete y atravesar el médano.
La conducta ciudadana: respetar los ingresos
Velázquez Barloa remarcó que «la vegetación es crucial, es lo más importante» y que para llegar a médanos estables la colaboración ciudadana puede empezar con un gesto mínimo: respetar los ingresos. El problema, según contaron, no aparece solo cuando alguien desmonta a mano un enquinchado, sino también cuando miles de pisadas repetidas abren huellas nuevas, cortan brotes, rompen barreras y hacen retroceder sectores que ya venían afirmándose.
El subprograma «Custodio de los Médanos»: ciencia ciudadana desde julio
El equipo advirtió que la cartelería específica del programa, diseñada para explicar el sentido de la intervención y orientar a quienes usan la playa, suele terminar cubierta de grafitis, lo que implica volver a gastar recursos en algo que ya estaba financiado con fondos públicos. Frente a eso, la semana pasada sumaron una pieza que hasta ahora faltaba: el subprograma «Custodio de los Médanos» , pensado para arrancar en julio con escuelas secundarias, Asociación Conciencia Colectiva, merenderos y el Club de Ciencias Municipal, bajo una lógica de ciencia ciudadana que busca que cada grupo pueda apadrinar un enquinchado y seguir de cerca el crecimiento de ese médano.
Madryn gana médanos, pero el verano volvió a afectar la vegetación costera por el uso desordenado de la playa. El programa de recuperación ya muestra más arena retenida y nuevos médanos, pero el tránsito y las pisadas repetidas abren huellas, cortan brotes y rompen barreras. La recuperación costera ya dejó resultados visibles, pero sigue dependiendo de una tensión diaria entre el cuidado y el uso. La playa sigue siendo de todos, pero conservarla exige algo más concreto que una consigna: entender que el paisaje no se sostiene solo.




