En un escenario blindado y bajo una tensión que mantiene en vilo al mercado global, delegaciones de Washington y Teherán iniciaron este sábado en Pakistán un proceso de diálogo crítico
El objetivo es desactivar el conflicto que estalló el pasado 28 de enero, tras el bombardeo conjunto con Israel que terminó con la vida del líder supremo iraní, Ali Khamenei, y que desató una espiral de violencia sin precedentes en Medio Oriente.
Negociaciones de alto nivel en territorio neutral
El encuentro se desarrolla en el Hotel Serena de Islamabad, bajo la mediación del primer ministro pakistaní, Shehbaz Sharif. La magnitud de la cita se refleja en los nombres presentes: por el lado norteamericano, lidera el vicepresidente JD Vance, acompañado por figuras del círculo íntimo de Donald Trump como Jared Kushner. Por la contraparte, el presidente del Parlamento iraní, Mohammad Bagher Ghalibaf, encabeza una misión que llega con el aval del nuevo líder supremo, Mojtaba Khamenei.
Aunque rige una tregua temporal de dos semanas, el clima es de desconfianza absoluta. «Tenemos buenas intenciones, pero no confiamos», disparó Ghalibaf al llegar, mientras que Vance advirtió que Estados Unidos no aceptará «engaños» durante el proceso.
Condiciones cruzadas y el factor del estrecho de Ormuz
Las posiciones iniciales parecen irreconciliables. Irán exige el levantamiento total de sanciones, indemnizaciones económicas por los daños de guerra y la retirada de tropas estadounidenses de la región. Además, condiciona la paz al cese de las operaciones israelíes en el Líbano contra Hezbollah.
Por su parte, el gobierno de Donald Trump ha fijado metas ambiciosas que incluyen el desmantelamiento del programa nuclear iraní y de su capacidad de misiles balísticos. Un punto clave de la negociación es la reapertura del estrecho de Ormuz. Teherán ha garantizado la seguridad de la navegación por 14 días como gesto de buena voluntad, una medida impulsada por la presión diplomática de China ante el riesgo de un colapso económico regional.
Una paz que pende de un hilo
Pese al inicio de las conversaciones, la cúpula militar iraní ha sido tajante: este acercamiento no significa el fin definitivo de las hostilidades iniciadas el 28 de febrero. Mientras Israel mantiene su ofensiva en territorio libanés, la efectividad del alto el fuego es parcial y frágil.
El éxito de esta cumbre en Pakistán no solo determinará el futuro político de Medio Oriente, sino que estabilizará el precio del petróleo y el comercio marítimo mundial. Por ahora, Islamabad es el epicentro de una diplomacia de urgencia que intenta evitar que la tregua sea apenas un breve paréntesis antes de una escalada mayor.




