El panorama inflacionario en la Argentina sumó un nuevo foco de atención
Tras conocerse que el Índice de Precios Internos al Por Mayor (IPIM) registró un fuerte avance del 5,2% en abril, las alarmas comenzaron a encenderse en el ámbito económico. Este incremento no solo duplicó al Índice de Precios al Consumidor (IPC), que se ubicó en el 2,6% en el mismo período, sino que expone la resistencia de los precios para perforar el piso del 2%. La gran incógnita que desvela a los analistas y al Gobierno es en qué medida y cuándo este salto impactará directamente en las góndolas y los bolsillos de los ciudadanos.
El factor energético detrás del incremento
El principal motor de esta aceleración no responde a dinámicas internas tradicionales, sino a un fuerte shock internacional. La persistencia de los conflictos bélicos en Medio Oriente empujó al alza el valor del petróleo a nivel global, un impacto que se sintió con fuerza en la estructura de costos local. El propio ministro de Economía, Luis Caputo, aclaró que casi el 85% de la variación mensual se explica de manera directa por la suba del crudo y sus derivados.
Los datos duros respaldan esta lectura: dentro del índice, el rubro de petróleo crudo y gas experimentó un salto del 22,9% mensual, aportando más de dos puntos porcentuales al indicador general, mientras que los productos refinados sumaron un alza del 13,6%. Como consecuencia directa, los productos primarios terminaron el mes con una suba del 9,8%, mientras que los manufacturados avanzaron un más moderado 4,1%.
El dilema del traslado a la inflación minorista
La discrepancia entre los precios que pagan los comerciantes y los que finalmente ve el consumidor final abre un debate complejo entre los especialistas. Históricamente, la inflación mayorista suele anticipar los movimientos del IPC, una teoría que el propio Gobierno nacional ha sostenido en meses anteriores. Sin embargo, en esta oportunidad, el traslado podría no ser inmediato ni lineal.
Desde diversas consultoras privadas señalan que los combustibles generan «efectos de segunda ronda», ya que encarecen la logística y el transporte de prácticamente todos los sectores productivos. De hecho, el rubro Transporte ya mostró un avance del 4,4% en abril. Aunque por el momento el impacto en los surtidores se mantiene parcialmente contenido debido a políticas comerciales de empresas como YPF, la presión sobre los márgenes de ganancia de los comercios minoristas es real. Si esta situación se prolonga, tarde o temprano se terminará fijando un piso inflacionario más alto para los próximos meses, dificultando el proceso de desinflación.
Voces optimistas frente a la presión de costos
A pesar de la preocupación generalizada, algunos sectores descartan un escenario de desborde en las góndolas en el corto plazo. Desde la Cámara Argentina de Distribuidores y Autoservicios Mayoristas (CADAM) señalaron que la aceleración actual no debería traducirse de forma directa en los precios al consumidor. El principal argumento que sostiene esta postura es el compromiso de mantener cierta estabilidad en los surtidores por un período de 45 días, lo que actuaría como un dique de contención momentáneo.
Para estos sectores, la expectativa sigue puesta en que la inflación minorista logre aproximarse al objetivo del 2% durante mayo, asumiendo que el frente internacional del petróleo no vuelva a sufrir variaciones bruscas que desestabilicen los costos internos.
