La música electrónica argentina tiene un nuevo nombre y no llega desde las grandes capitales, sino desde el sur más profundo. Ramiro Pantano tiene apenas 12 años, vive en Puerto Madryn y ya se define sin titubeos como «productor de música electrónica».
Con una madurez que descoloca a cualquiera que lo escucha hablar, Ramiro construye su camino a puro beats, consola y un sueño que lo mantiene despierto de noche: tocar junto a Hernán Cattaneo, el prócer del progressive house argentino que domina las pistas de todo el mundo.
La historia del pequeño DJ arrancó en el living de su casa, mirando a su papá mezclar tracks y mover las perillas. «Lo veía y me gustaba, entonces me dieron ganas de serlo también», cuenta Ramiro con la naturalidad de quien encontró su vocación antes de aprender a atarse los cordones.
De Lemon Tree al estudio casero: una carrera que arrancó antes de la adolescencia
A los 7 años dio sus primeros pasos sobre una bandeja, pero fue hace apenas dos cuando decidió que esto iba en serio. Hoy, Ramiro combina la escuela con presentaciones en eventos y una disciplina de entrenamiento musical que ya quisieran muchos adultos. Ya tocó en espacios como Lemon Tree y en un club de playa de la ciudad, pero donde más tiempo pasa es encerrado en su cuarto, produciendo sus propios temas.
«Toco cuando me invitan, y si no, produzco música. Me gusta hacerlo», explica con una simpleza que contrasta con la complejidad de lo que hace: componer, samplear, mezclar y masterizar, todo un universo que maneja con soltura y que perfecciona de la mano de Cruz Vittor, un productor que lo guía en sus primeras armas.
Ramiro ya tiene un tema bastante avanzado, un track que resume horas de trabajo, pruebas y errores. Y no lo guarda en un cajón: su proyecto es terminarlo, pulirlo y hacérselo llegar a su ídolo máximo.
Cattaneo, el faro que ilumina el sueño de un pibe que no se pone trabas
Hernán Cattaneo es, para Ramiro, mucho más que un DJ. «Es mi ídolo», dice sin un segundo de duda. Todavía no lo conoce personalmente, pero ya hubo guiños en redes sociales: el legendario productor le respondió algunas historias, gestos mínimos que para el madrynense valen oro y que lo cargan de combustible para seguir.
Su objetivo es tan concreto como ambicioso: producir un tema propio y lograr que Cattaneo lo escuche, o incluso lo incluya en alguno de sus sets. «Sería muy bueno, una forma de visibilizar mi trabajo», sostiene Ramiro, que ya proyecta enviar su música a través de contactos en la escena electrónica para que el referente que tanto admira ponga los oídos sobre su obra.
A pesar de ser hijo de un DJ reconocido en la zona, Ramiro no carga con la mochila de la competencia ni siente que le deba nada a nadie. «Lo hago porque me gusta, me gusta bailar, tocar música», afirma, dejando en claro que su único motor es la pasión genuina.
Un mensaje para otros chicos que también sueñan con las bandejas
Desde su altura de 12 años, Ramiro suelta una definición que vale más que cualquier tutorial de YouTube: «Que no se pongan trabas. Si te gusta y es tu sueño, hacelo. No importa si no tenés el mejor equipo, lo importante es intentarlo» . Una filosofía de vida que aplica a rajatabla y que ya lo tiene codeándose con los sonidos que marcan el pulso de la música electrónica argentina.
Con talento, constancia y una meta clarísima, este pibe de Puerto Madryn empieza a escribir su propia historia. Todavía le faltan años para pisar los grandes escenarios del mundo, pero ya tiene lo más difícil: la determinación de quien sabe que los sueños no se piden prestados, se construyen track a track, noche a noche, en el silencio de un cuarto que suena a futuro.
