La grieta explotó puertas adentro del peronismo y el ruido se escucha hasta en la Casa Rosada. El gobernador Axel Kicillof decidió suspender por 90 días el programa MESA (Módulo Extraordinario para la Seguridad Alimentaria) , la caja con nueve productos que recibían casi 2.100.000 familias bonaerenses con chicos en escuelas públicas.
La medida, que ahorrará entre 28.000y30.000 millones mensuales, desató una guerra campal con La Cámpora, que salió a acusarlo de «ajustar a los pobres» con la misma munición gruesa que antes reservaba para Javier Milei.
El programa se implementó durante la pandemia con financiamiento compartido entre Nación y Provincia. Pero desde que Milei asumió la presidencia, el 40% que aportaba el Gobierno nacional se evaporó y obligó a la administración bonaerense a bancar sola los casi $12.000 millones mensuales que faltaban. La decisión de Kicillof fue quirúrgica: cortar de un saque y culpar a los libertarios. Pero el tiro le salió por la culata cuando el fuego amigo empezó a quemarle los talones.
Qué traía la caja y por qué era un salvavidas para los barrios más golpeados
El programa MESA no resolvía el hambre de nadie, pero ayudaba a mitigarla. Cada caja contenía nueve productos de terceras marcas: un cartón de seis huevos, una botella de medio litro de aceite, medio kilo de arroz, medio de harina, un paquete de levadura, leche de litro, una lata de tomate triturado y otras de lentejas y arvejas verdes. Nada de primeras marcas, pero sí los valores nutricionales necesarios para que miles de familias atravesaran el mes con algo en la alacena.
Los encargados de armar los módulos eran los Consejos Escolares de los 135 municipios bonaerenses, organismos que responden políticamente a los intendentes. La logística era compleja, pero funcionaba. Ahora, desde este mes y por al menos tres meses, esa caja desaparece del mapa y deja un agujero imposible de disimular en los hogares más carenciados del Gran Buenos Aires, donde saciar el apetito es una preocupación diaria.
La Cámpora, Ishii y la bosta de caballo: el fuego amigo que nadie vio venir
Kicillof creyó que el ajuste pasaría desapercibido. Durante tres semanas lo logró. Pero fue el propio kirchnerismo el que encendió la mecha. El primero en gritar fue Mario Ishii, senador provincial y jefe político eterno de José C. Paz, que sin ser formalmente de La Cámpora hace el trabajo sucio que Máximo y Cristina Kirchner no se animan a firmar. Ishii apuntó directo al gobernador por el «ajuste con la comida de los pobres» y dejó en offside al mandatario provincial.
Después se sumaron otros intendentes alineados con el kirchnerismo duro, como Eva Mieri, lugarteniente de Mayra Mendoza en Quilmes, la misma dirigente que estuvo presa por usar camionetas municipales para ir a tirarle bosta de caballo a la casa del exdiputado José Luis Espert en Beccar. El mensaje fue unánime: Kicillof ajusta y los pobres pagan.
Las cuentas que no cierran y el fantasma de los sueldos impagos
Detrás de la decisión de Kicillof hay un problema estructural que su ministro de Economía, Pablo López, viene machacando en cada reunión de gabinete: la Provincia gasta mucho más de lo que recauda. «No hay plata», repite López, calcando el latiguillo de Milei pero sin la motosierra en el logo. Un alto funcionario bonaerense confesó a Clarín que sin un ajuste importante, «en el último semestre del año vamos a tener severos inconvenientes para pagar los casi 600.000 salarios provinciales».
La administración de Kicillof sumó casi 80.000 nuevos empleados estatales desde 2023 y los números cerraron cada vez menos. El gobernador se convenció de que era mejor pegar un volantazo en las cuentas de un saque y culpar a los libertarios, pero no contó con que el kirchnerismo le iba a cobrar carísimo tocar el bolsillo de los pobres.
Intendentes en la mira y la réplica libertaria: «Que prueben bajando el plan de Echarri»
La suspensión del MESA dejó a los intendentes en el ojo de la tormenta. Son ellos los primeros en recibir los insultos de los vecinos cuando las cajas no llegan. Este martes, muchos jefes comunales marcharon al Ministerio de Capital Humano para enchastrarle a Sandra Pettovello la responsabilidad del recorte, pero el malestar hacia Kicillof quedó flotando en el ambiente.
Desde la Nación no se privaron de chicotear al gobernador. Un ministro que conoce los pasillos bonaerenses le disparó a Clarín: «Que sean responsables y creativos. Lo único que hicieron en Provincia durante los últimos seis años es aumentar los gastos. Hay entre un 10% y 12% más de empleados desde que asumieron. ¿Y si prueban con bajar el plan ‘te clavo la sombrilla’ o el INTI bonaerense de Pablo Echarri?».
La guerra está declarada y los dos millones de bonaerenses que dependían de esa caja de alimentos son, por ahora, los únicos que no tienen a quién reclamarle. Kicillof ajustó, La Cámpora le soltó la mano y Milei observa desde el ring cómo el peronismo se devora a sí mismo en una pelea que recién empieza.
