La carne de cerdo está atravesando una transformación histórica en la Argentina, consolidándose como una opción cada vez más presente en la dieta de las familias y dejando atrás su vieja etiqueta de «alimento ocasional»
De acuerdo con José Arrieta, vicepresidente de la Cámara de Productores Porcinos de Córdoba, el sector experimentó un salto exponencial en las últimas dos décadas. «Pasamos de consumir 6 o 7 kilos por habitante al año a unos 20 o 21 kilos en la actualidad», detalló el dirigente, marcando el fuerte cambio de tendencia en el mercado interno.
Innovación genética para derribar mitos y ganarle a la inflación
El crecimiento de la actividad porcina no fue casualidad, sino el resultado de una profunda renovación tecnológica en materia de genética, alimentación e infraestructura productiva. Tradicionalmente asociado a la fabricación de fiambres y chacinados, hoy el sector ofrece cortes frescos de alto valor biológico, ricos en proteínas y notablemente más magros. Al respecto, Arrieta derribó los prejuicios que aún persisten en algunos consumidores: «La alimentación actual se basa en maíz y harina de soja. La investigación en nutrición logró que hoy tengamos una carne con muy poca grasa; al productor ya no se le paga por el peso graso, sino por el desarrollo de músculo».
Este salto de calidad viene acompañado de un factor económico clave: el precio. En un contexto de bolsillos ajustados, la carne porcina se posiciona como una alternativa proteica altamente competitiva frente a la carne vacuna. El negocio actual goza de una estabilidad relativa, con costos de alimentación moderados y valores de venta que, si bien no son extraordinarios, garantizan una rentabilidad sustentable que permite proyectar inversiones a mediano plazo.
El desafío cultural de los cortes y la sombra de la importación brasileña
A pesar de que los argentinos ya eligen el cerdo dos o tres veces por semana, la industria reconoce que aún falta un golpe de horno en el aspecto cultural. El gran desafío es lograr que el consumidor identifique los nombres de los cortes porcinos con la misma naturalidad con la que pide asado o vacío. La estrategia de promoción apunta a sustituir el consumo de carne bovina en preparaciones cotidianas a través de cortes específicos orientados a la elaboración de milanesas, pulpas y hamburguesas. La meta final es ambiciosa: alcanzar un consumo de entre 27 y 28 kilos por persona para el período 2032-2033.
Por último, el frente externo enciende algunas luces de alarma entre los productores locales debido a la competencia con Brasil, uno de los gigantes mundiales del sector. Si bien el volumen actual no desborda el mercado, preocupa el ingreso puntual de bondiolas y lomitos congelados que luego se comercializan como mercadería fresca. Mirando hacia el futuro, el dirigente concluyó que el crecimiento del cerdo tiene un rol estratégico para la economía nacional: «Si logramos reemplazar una mayor parte del consumo interno con cerdo, liberaremos un volumen valioso de carne vacuna para que la Argentina pueda exportar más al mundo y generar las divisas que el país necesita».
