En una jornada teñida de luto y profunda melancolía para el campo popular y los movimientos sociales de toda América Latina, las últimas palabras pronunciadas en vida por una de las mujeres más influyentes de la historia argentina reciente adquieren una dimensión colosal.
En un escenario político complejo y cruzado por debates ideológicos profundos, el mensaje final de esta incansable luchadora se ha transformado en un verdadero faro de resistencia para miles de jóvenes que hoy lloran su partida física, descubriendo el peso histórico de un mandato que ya no tiene retorno.
El fallecimiento de la histórica dirigente previsional y social ha dotado de un misticismo único a sus declaraciones más recientes. Tras su partida, cobró un impacto estruendoso lo expresado por Taty Almeida en su última aparición pública: “La única lucha que se pierde es la que se abandona“, una frase que resuena con la fuerza de un legado imperecedero.
La líder de los pañuelos blancos aprovechó su última tribuna para lanzar una cruda advertencia sobre el inexorable paso del tiempo y la necesidad biológica de un recambio de antorchas en las calles.
«Quedamos tres»: El dramático recuento de la Plaza en la Universidad de Buenos Aires
El emotivo testimonio político tuvo lugar el pasado viernes 17 de abril, cuando la Universidad de Buenos Aires (UBA) le otorgó el prestigioso título de doctora honoris causa en una colmada Facultad de Filosofía y Letras. Allí, sentada en una silla de ruedas pero exhibiendo una lucidez y una sonrisa completamente intactas, la dirigente previsional de 95 años trazó un balance descarnado sobre la fragilidad biológica de la organización. «Quedamos tres Madres, nada más, y dos Abuelas», advirtió conmoviendo a cientos de estudiantes, docentes y militantes que colmaban el auditorio, dejando en evidencia el fin de ciclo de las mujeres que iniciaron las rondas hace casi cinco décadas.
Sin embargo, lejos de adoptar una postura de resignación o de derrota, la referente utilizó esa cruda estadística para interpelar de forma directa y visceral a la juventud presente en el aula magna: “Ustedes son los que van a continuar luchando por la memoria, por la verdad y por la justicia. Ya hemos pasado la posta a todas y todos ustedes. De a poquito, ¿eh? Porque a pesar de los bastones y las sillas de ruedas, las locas seguimos de pie”. De esta forma, lo que inicialmente era un acto de distinción académica se transformó de manera inmediata en la entrega formal de la posta de la militancia.
La defensa de la militancia juvenil y el emotivo adiós de corrido
Fiel al estilo combativo e implacable que la caracterizó desde que comenzó la desesperada búsqueda de su hijo Alejandro —joven de 20 años, estudiante de primer año de Medicina y trabajador de Télam secuestrado por la organización paraestatal Triple A en junio de 1975—, Taty aprovechó los micrófonos para reivindicar el compromiso político y desmarcarse de los discursos oficiales de estigmatización. «Alejandro antes que nada era un militante político. No hay que tenerle miedo a la palabra militancia. Militar es tener compromiso, ese compromiso que los 30.000 desaparecidos asumieron, ese compromiso que ya han tomado tantos jóvenes, y no tan jóvenes, que son nuestra esperanza», enfatizó con aplomo.
En un contexto nacional de fortísimas tensiones políticas y severos cuestionamientos presupuestarios hacia el sistema de educación superior, Almeida recibió su quinto doctorado honoris causa rodeada por el amor de sus nietos y bisnietos, quienes fueron los encargados de leer su elogio académico. Al recibir la distinción, la líder insistió en que el galardón pertenecía a todo el colectivo de mujeres «que aún están y las que no están, pero que siempre van a seguir estando». Sobre el cierre, con una complicidad que hoy estruja el corazón de sus seguidores, lanzó entre risas: «Yo espero seguir viviendo mientras hable de corrido. Y espero seguir hablando de corrido mucho tiempo más», para luego sellar su testamento definitivo recordando que jamás hay que abandonar las causas justas.
