La República Argentina llora la pérdida de una de sus mujeres más formidables, cuya metamorfosis biográfica conmovió las estructuras sociales y políticas del país.
En un territorio marcado por las heridas del pasado, la partida de una figura de esta magnitud sacude la memoria colectiva y obliga a revisar cómo el dolor más desgarrador puede transformarse en un escudo indomable de dignidad. Su fallecimiento apaga una de las sonrisas más cálidas de las históricas rondas de los jueves, pero enciende de manera definitiva un legado que ya pertenece a las nuevas generaciones.
El fallecimiento de la emblemática activista deja un vacío irremplazable en las organizaciones sociales. La triste realidad se impuso en las últimas horas confirmando que partió Taty Almeida, un emblema de la lucha por los Derechos Humanos y la memoria colectiva nacional. Los detalles sobre su apasionante y dura historia de vida, que transcurrió entre mandatos de clase y la búsqueda incansable de la verdad, reflejando el violento choque con la realidad que la llevó a despojarse de sus propios prejuicios para convertirse en un faro de justicia.
El violento choque con la realidad: El secuestro de Alejandro por la Triple A
Nacida el 28 de junio de 1930 en el opulento barrio porteño de Belgrano, Lidia Estela Mercedes Miy Uranga parecía tener un destino trazado muy lejos de las pancartas de protesta. Creció en el seno de una familia de fuerte raigambre castrense: su padre fue oficial de Caballería, su hermano coronel y sus hermanas se casaron con oficiales de la Aeronáutica. Ella misma contrajo matrimonio con Jorge Almeida, un civil rodeado por un entorno profundamente antiperonista y militar, unión de la cual nacieron sus tres hijos: Jorge, Alejandro y María Fabiana. Sin embargo, su tranquila vida cambió para siempre la noche del 17 de junio de 1975, bajo el gobierno constitucional de Isabel Martínez de Perón.
Esa noche, su hijo Alejandro, de 20 años, estudiante de Medicina y trabajador de la agencia Télam y del Instituto Geográfico Militar, salió con un «Esperame, ya vengo» que se transformó en un silencio perpetuo. El joven fue secuestrado y desaparecido por la organización paraestatal Triple A, convirtiéndose en una víctima temprana del terrorismo de Estado. En su desesperación, Taty recurrió a conocidos de su entorno militar, golpeando las puertas de quienes luego serían jerarcas de la dictadura, como Albano Harguindeguy o Leopoldo Galtieri. Estos genocidas le aseguraban falsamente que la responsabilidad era del peronismo, forzando en ella un aterrizaje violento hacia la cruda verdad.
Los poemas ocultos del ERP y el nacimiento de una Madre visceral
El quiebre definitivo que destruyó la venda de sus ojos ocurrió al revisar las pertenencias de Alejandro. En el fondo de una agenda, Taty descubrió veinticuatro poemas manuscritos que revelaban la profunda sensibilidad de su hijo y su militancia oculta en el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP). Aquellos versos, editados en 2008 en el libro Alejandro, por siempre… amor, operaron como una revelación mística. «Yo siempre digo que estoy feliz de haber parido a mis tres hijos, pero que Alejandro me parió a mí; parió a esta Taty que salió de la nebulosa», repetía con frecuencia para explicar su drástica transformación.
En 1979, venciendo los feroces mandatos familiares, se acercó a las Madres de Plaza de Mayo. Allí comprendió que el reclamo debía dejar de ser individual para volverse histórico. Con el pañuelo blanco anudado al cuello, se consolidó como una de las voces más lúcidas de la Línea Fundadora. Durante más de cuatro décadas de caminatas, defendió las banderas de Memoria, Verdad y Justicia desde la estricta legalidad, rechazando cualquier atisbo de revancha. Su tenacidad fue clave para impulsar los juicios que llevaron a la cárcel a numerosos represores, lo que motivó que en 2011 la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires la declarara Personalidad Destacada de los Derechos Humanos. Maestra de profesión y abuela de seis nietos, dedicó sus últimos años a traspasar la bandera de la lucha a la juventud militante.
