El riesgo país perfora los 425 puntos y abre expectativas financieras.
El indicador de riesgo país de Argentina, medido por JPMorgan, alcanzó los 425 puntos básicos en Wall Street, marcando su nivel más bajo desde abril de 2018. Este descenso se produjo en una jornada de optimismo para los activos argentinos, donde los bonos soberanos —tanto Bonares como Globales— registraron subas promedio cercanas al 1% en el mercado neoyorquino, impulsados por un clima global más favorable.
La meta de los 400 puntos y el acceso a mercados
Para los analistas financieros, la barrera de los 400 puntos representa un umbral operativo crítico. Perforar este nivel permitiría a la Argentina retomar el acceso a los mercados financieros internacionales. El objetivo del Gobierno no es financiar el gasto corriente, sino contar con herramientas para el rollover de vencimientos de mediano plazo, evitando así que los pagos dependan exclusivamente de las reservas del Banco Central.
El calendario financiero presenta compromisos significativos:
-
9 de julio: Vencimiento de 4.200 millones de dólares en títulos Bonares.
-
Año próximo: Pagos estimados entre 16.000 y 20.000 millones de dólares con bonistas y organismos, incluyendo unos 7.000 millones al FMI.
El impacto del petróleo Brent y la economía interna
El escenario financiero recibió un impulso adicional desde el sector energético internacional. El precio del barril de petróleo Brent experimentó una baja importante, cayendo desde los 100 dólares hacia la zona de los 80 dólares. Esta caída responde al inminente acuerdo entre Estados Unidos e Irán y la normalización de la navegación en el estrecho de Ormuz.
Para la Argentina, esto tiene implicancias directas:
-
Sostenibilidad en Vaca Muerta: Un barril entre 70 y 80 dólares mantiene la rentabilidad de la cuenca, permitiendo proyectar un superávit energético superior a los 10.000 millones de dólares.
-
Presión inflacionaria: Un precio internacional más bajo del crudo podría traducirse en un retroceso en el precio de los combustibles domésticos, fortaleciendo el proceso de desinflación que busca consolidarse por debajo del 2% mensual.
Desafíos en la economía real
A pesar de la mejora en las variables financieras, persisten tensiones en el plano social y laboral. Según datos de la Universidad de San Andrés, la insatisfacción con la situación general supera el 60%, mientras que las principales preocupaciones de la población se han desplazado de la inflación hacia la falta de trabajo, la corrupción y los bajos salarios.
El mercado de empleo formal muestra signos de fragilidad, con una pérdida estimada de 15.000 puestos mensuales en sectores como la industria y la construcción. Si bien el sector energético muestra un crecimiento vigoroso, su capacidad actual de absorción de mano de obra no logra compensar la caída en otros rubros, planteando un desafío central para que el alivio macroeconómico se traduzca en una mejora concreta de las condiciones de vida de los ciudadanos.
