Ante el descenso de las temperaturas que se registra en distintas regiones del país, especialistas advirtieron que las personas mayores de 65 años constituyen uno de los sectores más vulnerables de la población
Con el paso del tiempo, el organismo pierde paulatinamente la eficiencia para conservar el calor y regular la temperatura corporal, riesgo que se incrementa en pacientes con patologías cardiovasculares, respiratorias o metabólicas.
«Con el paso de los años, el cuerpo pierde eficiencia para regular su temperatura. A esto se suma que muchas personas mayores padecen enfermedades crónicas o toman medicación que puede influir en la respuesta del organismo al frío», explicó el Dr. Washington Burgos, médico clínico del CMC Santiago del Estero de Boreal Salud (M.P. 1.529).
Impacto en la presión, infecciones y deshidratación
Las bajas temperaturas generan vasoconstricción, un proceso que eleva la presión arterial y exige un mayor esfuerzo al sistema cardíaco, al tiempo que propicia la aparición o el agravamiento de cuadros respiratorios.
A su vez, durante la temporada invernal suele disminuir la sensación de sed, aumentando el riesgo de deshidratación en personas con movilidad reducida o bajo tratamientos farmacológicos específicos. De igual modo, los médicos señalan que las complicaciones no siempre se manifiestan con fiebre o escalofríos, sino a través de síntomas atípicos como somnolencia, desorientación o pérdida del equilibrio.
Principales señales de alarma y medidas de prevención
Frente a cuadros de frío extremo, los especialistas recomiendan solicitar asistencia médica ante la presencia de:
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Somnolencia, confusión o cambios repentinos en el comportamiento.
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Debilidad marcada, dificultad para caminar o escalofríos persistentes.
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Dificultad respiratoria, tos intensa o dolor en el pecho.
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Coloración violácea en labios o dedos.
Para mitigar los riesgos, se aconseja sostener una adecuada climatización e iluminación en el hogar, vestir en capas, ingerir líquidos de manera constante aunque no exista sensación de sed y mantener una rutina de movilidad adaptada. Asimismo, resulta clave el acompañamiento familiar o de cuidadores para detectar a tiempo cualquier alteración en el estado de salud.
