La interna en el corazón del oficialismo sumó un capítulo de extrema tensión que amenaza con fracturar la estrategia legislativa del Gobierno.
En un movimiento político de altísimo impacto, la presidenta de la bancada oficialista en la Cámara alta decidió vaciarle una cumbre clave al ministro coordinador en la mismísima Casa Rosada. El desplante expone a cielo abierto el quiebre de relaciones en la cúpula libertaria, justo cuando el Poder Ejecutivo necesita abroquelar sus filas para blindar a sus funcionarios ante una inminente embestida de la oposición en el Congreso de la Nación.
La drástica determinación de la legisladora dinamitó el clima de supuesta armonía que intentaban proyectar desde los despachos de Balcarce 50. En su crónica titulada En un nuevo gesto de diferenciación, Patricia Bullrich faltará a la reunión de los senadores de LLA con Adorni, la jefa del bloque libertario resolvió no asistir al mitin convocado de urgencia en la previa de la decisiva sesión parlamentaria que podría forzar la interpelación del jefe de ministros.
Omisión ética, patrimonio bajo la lupa y la furia de la jefa de bloque
El origen de la furiosa interna se fundamente en la investigación judicial por presunto enriquecimiento ilícito que acorrala al jefe de Gabinete, Manuel Adorni. Semanas atrás, la senadora Patricia Bullrich le exigió públicamente adelantar la presentación de su declaración jurada patrimonial, llevando el reclamo incluso ante el propio presidente Javier Milei en las reuniones de gabinete. Tras analizar las explicaciones y los documentos del funcionario, la exministra de Seguridad redobló la apuesta y fustigó con dureza las inconsistencias en sus bienes: «Esto es más que un error, esto es una omisión ética. Y nuestro gobierno tiene la moral como política de Estado», disparó, sentenciando que ahora el caso deberá ser esclarecido por la Justicia.
A esto se suma que la jefa del bloque de La Libertad Avanza (LLA) acumuló varios gestos de fuerte diferenciación con la Casa Rosada. En los últimos días, participó de una reunión de la comisión de Libertad de Prensa del Senado donde avaló críticas por las restricciones impuestas a los periodistas acreditados en Balcarce 50. Además, exteriorizó su abierto malestar por el retiro del pliego de la jueza María Verónica Michelli, una medida que rechazó públicamente «por razones de conciencia» y que la llevó a abstenerse en el recinto a pesar de una reunión previa con la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei.
Tres turnos para calmar la rebelión y el fantasma de la moción de censura
Frente a la crisis provocada por las denuncias, Adorni había citado a los 21 senadores del bloque oficialista con la excusa formal de diagramar la agenda del segundo semestre del 2026. Para evitar cruces directos y facilitar la contención, el jefe de Gabinete dividió la bancada en tres grupos escalonados a las 11, las 13:30 y las 16 horas. Aunque desde el Gobierno aseguraban que la respuesta de los legisladores había sido «inmediata y exitosa», la total ausencia de Bullrich transformó la jornada en un duro golpe político para el ministro coordinador.
Paradójicamente, a pesar del portazo y sus duras críticas éticas, la senadora sigue siendo la encargada de coordinar la ingeniería parlamentaria para intentar salvar a Adorni de la interpelación en la sesión de este jueves. El oficialismo busca frenar la ofensiva opositora, que pretende aprovechar la mayoría simple para sentar al funcionario en el recinto, argumentando que se necesitan los dos tercios por no haber dictamen de comisión. Si el oficialismo fracasa en la reunión de Labor Parlamentaria convocada por Bullrich para este martes y la oposición impone su número, el jefe de Gabinete quedará obligado a presentarse el 2 de julio, enfrentando el riesgo de una eventual moción de censura en un escenario donde Diputados también busca activar proyectos similares en la comisión de Asuntos Constitucionales.
