El bolsillo de los argentinos no da tregua y el fantasma de la recesión se consolida en las góndolas y comercios de todo el país.
Durante el mes de junio de 2026, el consumo en los hogares registró una preocupante contracción del 1,1% en comparación con el mismo período del año pasado, encadenando su séptimo mes consecutivo en terreno negativo y cerrando un primer semestre sumamente complejo para la economía familiar.
Desplome del asado y disparidad en las compras de los hogares
El duro diagnóstico se desprende del Índice de Consumo Privado (ICP-UP), un indicador de alta frecuencia elaborado minuciosamente por la Facultad de Negocios de la Universidad de Palermo (UP). El indicador procesa más de 30 variables críticas, entre las que destacan la recaudación tributaria, los patentamientos y las ventas minoristas. Los datos acumulados en la primera mitad del año exponen una merma del 1,7% en comparación con el primer semestre de 2025, reflejando que la pérdida de poder adquisitivo se ha vuelto crónica.
Al desglosar el comportamiento por sectores, los bienes semidurables —como indumentaria y calzado— lideraron la debacle con un retroceso interanual del 3,8%, seguidos por los bienes durables con una baja del 1,2%. Los servicios recreativos se mantuvieron estancados, mientras que el consumo masivo fue el único rubro que logró crecer un leve 1,1%.
La crisis golpeó de lleno la mesa de los trabajadores, donde se observa una alarmante disparidad en la ingesta de proteínas animales: la demanda de carne vacuna se desplomó un catastrófico 13,5% y la de pollo cayó un 8,0%. La única excepción dentro del rubro cárnico la dio el consumo de carne porcina, que marcó un incremento del 3,9% interanual en mayo. En sintonía con el menor movimiento general, el despacho de combustibles al público retrocedió un 2,4% interanual.
Tarjetas al límite, caída en los súper y derrumbe en electrodomésticos
El rubro de bienes durables y de construcción también arrojó alarmantes señales mixtas. Por un lado, la venta de autos cero kilómetro cayó un 13,7% y los despachos de cemento en bolsa retrocedieron un 5,0%, a la par de una fuerte caída del 11,6% en la facturación de electrodomésticos; por el otro, el patentamiento de motocicletas experimentó un sorpresivo estallido del 42,3% en el sexto mes del año, consolidándose como la alternativa de movilidad más buscada ante la crisis.
El esparcimiento y las salidas familiares tampoco quedaron exentos del ajuste. Las ventas en los restaurantes tradicionales de la Ciudad de Buenos Aires sufrieron su cuarta caída al hilo, anotando un desplome del 3,7% en junio. La misma tendencia se trasladó a los grandes centros comerciales, donde la indumentaria y el calzado se desplomaron un 7,2%, mientras que las compras en supermercados sufrieron un durísimo derrumbe del 13,8%.
Este escenario de contracción se vincula directamente con el ahogo financiero de los consumidores. La recaudación real del Impuesto al Valor Agregado (IVA) se retrajo un 4,2% en junio, en sintonía con un fuerte retroceso del crédito: las compras financiadas con tarjetas de crédito cayeron un 5,2% y la solicitud de préstamos personales bajó un 2,2%. En medio de este panorama sombrío, la única nota de alivio la dio la medición desestacionalizada frente al mes de mayo de 2026, la cual mostró un avance del 1,2%, quebrando dos meses de virtual estancamiento y encendiendo una pequeña luz de esperanza de cara al inicio del segundo semestre.
