A través del Decreto 581/2026, el Poder Ejecutivo nacional oficializó una profunda reestructuración en su organigrama que modifica el equilibrio de poder en la mesa de decisiones de Balcarce 50.
La medida dispone el traspaso del Ente Nacional de Comunicaciones (Enacom), la Empresa Argentina de Soluciones Satelitales (Arsat) y el Correo Oficial hacia la órbita directa del jefe de Gabinete, Diego Santilli, restándole influencia al asesor presidencial Santiago Caputo.
Hasta la publicación de la normativa, estos tres organismos clave funcionaban bajo la Secretaría de Innovación, Ciencia y Tecnología, conducida por Darío Genua, un funcionario estrechamente alineado con Caputo. Con este cambio de dependencia, el Enacom pasa a reportar directamente a Santilli, mientras que Arsat y el Correo Argentino quedarán bajo la órbita de Gustavo Coria, vicejefe de Gabinete del Interior.
La interna oficialista detrás del Decreto 581/2026
La transferencia de estas áreas estratégicas responde a una solicitud expresa de la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, en coordinación con el presidente de la Cámara de Diputados, Martín Menem, y el armador oficialista Eduardo “Lule” Menem. La decisión expone las tensiones internas por la distribución de espacios de gestión dentro de la coalición gubernamental.
Tras asumir la Jefatura de Gabinete, Santilli se consolidó como una figura de extrema confianza para Karina Milei, aunque mantiene canales de diálogo abiertos con el sector de Caputo. Con este nuevo esquema de firmas, el ala ligada a la Secretaría General de la Presidencia asume el control político de tres cajas con alto impacto regulatorio y económico.
Enacom y el debate por la fusión de telecomunicaciones
El Enacom posee un rol clave en la regulación del espectro radioeléctrico, la conectividad y el sector de los medios de comunicación audiovisual. Actualmente, el organismo concentra la atención del mercado por la eventual autorización de la fusión comercial entre las operadoras Telecom y Telefónica, ambas vinculadas al Grupo Clarín.
El presidente Javier Milei se opuso abiertamente a esta operación, definiéndola como un “abuso de la posición dominante que el Grupo [Clarín] quiere tener en el mundo de las telecomunicaciones”.
Para avanzar con la integración de ambas compañías, la Autoridad Nacional de la Competencia estableció una serie de condicionamientos técnicos estrictos:
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Cesión de clientes: Telecom deberá transferir una cartera de 6 millones de usuarios móviles a firmas competidoras del sector.
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Apertura de banda ancha: Obligatoriedad de resignar clientes de conectividad fija hogareña.
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Acceso a la infraestructura: Garantizar a un nuevo operador el uso de su red, espectro radioeléctrico y sistemas de interconexión por un plazo mínimo de dos años para resguardar la competencia.
El control de Arsat y el futuro del Correo Argentino
La reestructuración también alcanza a Arsat, la empresa estatal que posee un tendido de 36.000 kilómetros de fibra óptica a nivel nacional, superando ampliamente la infraestructura de operadoras privadas como Telefónica (14.000 kilómetros) o Telecom (17.000 kilómetros). La compañía satelital se encuentra actualmente bajo investigación de la Justicia Federal por presuntos esquemas de sobornos. En el marco de esta causa, permanece detenido su expresidente, Facundo Leal, quien también dirigió el Organismo Regulador del Sistema Nacional de Aeropuertos (Orsna).
Por último, el Correo Argentino es otro de los activos que pasa al control de la Jefatura de Gabinete. La entidad postal, además de ser la encargada de la logística de los procesos electorales nacionales, forma parte del paquete de empresas públicas que el oficialismo busca privatizar en el corto plazo mediante licitaciones internacionales.
