En medio del drama humanitario que conmociona al continente tras el histórico doble sismo, una historia de supervivencia extrema conmovió al mundo
Un trabajador atrapado a varios metros bajo tierra se convirtió en el símbolo de la esperanza gracias a un titánico esfuerzo internacional de rescate.
El colapso en Catia La Mar y el rescate a tres pisos bajo tierra
Hernán Alberto Gil Flores, un vigilante privado de 43 años, se encontraba cumpliendo funciones en la garita de seguridad de un centro comercial en la ciudad costera de Catia La Mar cuando el doble terremoto del pasado 24 de junio provocó el colapso absoluto de la estructura. El edificio se desplomó por completo, dejando al trabajador sepultado en el nivel -3 del complejo.
Tras una semana del siniestro y luego de un extenuante operativo que demandó más de 70 horas continuas de labores de alta complejidad por parte de bomberos de siete países, el equipo USAR (Búsqueda y Rescate Urbano) de Bomberos de Chile logró extraerlo con vida. Los rescatistas debieron cavar túneles paralelos de ingeniería crítica para asegurar un ducto de extracción sin generar nuevos desmoronamientos en la masa de concreto.
Una manguera de cocina y 11 litros de agua para mantenerlo con vida
El médico especialista Vicenzo Bosnia, uno de los profesionales clave en el operativo de soporte vital, calificó la intervención como «uno de los cinco rescates más complejos que hayan existido». Bosnia precisó que el primer contacto se logró mediante dispositivos de detección auditiva, lo que permitió guiar al equipo técnico para perforar la estructura de forma milimétrica e introducir una sonda con cámara web hacia la caseta donde resistía Gil Flores.
Una vez localizado y establecido el contacto verbal, la logística médica fue determinante para su supervivencia: a través de una manguera de cocina flexible lograron pasarle agua de forma constante, hidratándolo y brindándole asistencia vital durante las 96 horas finales que demandó el proceso físico de descombramiento.
El especialista detalló que el paciente llegó estable a un centro hospitalario de Caracas y celebró que los riñones no presentaran fallas severas (un cuadro clínico habitual conocido como síndrome de aplastamiento): «Le suministramos 11 litros de líquido en la zona de confinamiento, lo que permitió que orinara 18 veces y mantuviera su función renal activa». El sobreviviente permanece bajo observación médica especializada mientras se recupera favorablemente de las secuelas del encierro.
