El triunfo histórico de la Selección Argentina frente a Inglaterra en territorio estadounidense no solo dejó festejos deportivos, sino que abrió una fuerte grieta política
El foco de la discordia fue una bandera con la leyenda «Las Malvinas son Argentinas» que los futbolistas exhibieron al finalizar el encuentro, desafiando de forma directa las directivas del gobierno libertario que pretendían evitar cualquier tipo de proclama política durante el evento.
El descargo presidencial contra el «patrioterismo barato»
La imagen de los jugadores con el reclamo de soberanía no tardó en recorrer las portadas internacionales y provocar el descontento de la gestión nacional. Poco después del partido, el presidente Javier Milei expresó abiertamente su malestar en una entrevista radial. «Es un partido de fútbol, hay que entender eso. No hay que caer en slogans berretas, populistas, nacionalistas, rancios», lanzó de manera tajante el mandatario, pidiendo «no mezclar las cosas».
El jefe de Estado, confeso admirador de Margaret Thatcher, endureció su discurso al señalar que el reclamo territorial debe canalizarse por otras vías. «Las Malvinas se recuperan con diplomacia sabia y no con gestos de patrioterismo baratos, berretas», fustigó. Si bien este jueves intentó matizar sus dichos al reconocer que el sentimiento sobre las islas «es perfectamente lícito y válido», reiteró su advertencia sobre las consecuencias internacionales de estos actos: «En una posición de responsabilidad ciertos errores son inadmisibles porque podrían tener consecuencias muy negativas», sentenció.
Un cortocircuito oficial que dejó al Gobierno «en offside»
La situación generó una evidente incomodidad en el seno de la administración pública. Días antes del partido, la ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva, había realizado un raid mediático informando sobre un acuerdo con el FBI para prohibir estrictamente el ingreso de consignas sobre la soberanía de Malvinas o de banderas con el mapa de las islas. La desobediencia de los propios referentes de «La Scaloneta» desarmó la estrategia oficial en cuestión de segundos.
Ante la repercusión popular, varios funcionarios ensayaron un brusco giro retórico compartiendo en sus redes sociales la fotografía de la bandera que inicialmente pretendían prohibir. Sin embargo, Milei evitó replicar la imagen en sus cuentas. Por su parte, en un movimiento tildado de oportunista por la oposición, el canciller Pablo Quirno difundió un comunicado de repudio por la incursión de un buque británico en aguas nacionales ocurrida trece días atrás, un hecho sobre el cual la Cancillería no se había pronunciado hasta después del pitazo final.
