El gendarme argentino Nahuel Gallo alertó sobre el riesgo de desmoronamiento en el penal El Rodeo de Venezuela tras el terremoto del 24 de junio.
A cuatro meses de haber recuperado su libertad tras pasar 448 días confinado, el gendarme argentino Nahuel Gallo volvió a alzar la voz para denunciar la crítica situación de las cárceles venezolanas. El suboficial, que estuvo recluido de forma arbitraria en el penal de máxima seguridad El Rodeo I, manifestó su profunda alarma por el estado de los reclusos extranjeros tras el devastador terremoto que sacudió a Venezuela el pasado 24 de junio.
En declaraciones radiales, Gallo advirtió sobre las precarias e inhumanas condiciones edilicias de las estructuras penitenciarias y apuntó contra la cúpula del gobierno venezolano por entorpecer los canales de asistencia internacional.
Peligro de derrumbe en El Rodeo tras el sismo del 24 de junio
El sismo de finales de junio encendió las alarmas de los familiares de los detenidos debido al severo deterioro de los complejos carcelarios. Gallo, quien conoce de primera mano los pabellones de El Rodeo, detalló que el riesgo de una tragedia humanitaria dentro de las prisiones es inminente.
“La infraestructura donde nosotros estábamos, en el penal, es vieja, muy antigua; por ende, en cualquier momento se puede desmoronar. Me han llegado comentarios de familiares que dijeron que se cayeron pedazos de escombros”, relató el gendarme, precisando que el edificio cuenta con cuatro pisos construidos con materiales obsoletos que no resisten movimientos telúricos de gran magnitud.
El exdetenido enfatizó que su principal misión desde que regresó a la Argentina es visibilizar la desprotección total de quienes quedaron tras las rejas: “Quedan muchos extranjeros presos; en el penal donde yo estaba había 23 hasta ese momento; la máxima cantidad era de colombianos, que eran como 19”, precisó, instando a las organizaciones de derechos humanos a no desviar la mirada de las cárceles del caribe.
Cruces por la asistencia humanitaria tras la captura de Maduro
Gallo no ocultó su indignación al referirse a la gestión de la emergencia civil en las calles tras el terremoto. En particular, criticó con dureza el accionar del ministro de Justicia, Diosdado Cabello, tras los recientes episodios donde intentó expulsar a misiones de rescatistas de los Estados Unidos que operaban en los epicentros de los desmoronamientos.
En ese sentido, el gendarme reflexionó sobre el complejo escenario político que vive el país caribeño tras la histórica captura del expresidente Nicolás Maduro por parte de fuerzas estadounidenses:
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Prioridades en la catástrofe: El suboficial analizó que el gobierno de Washington se encuentra «priorizando salvar vidas de quienes pueden estar con vida entre los escombros», postergando las detenciones de otros jerarcas civiles implicados en delitos de lesa humanidad.
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La denuncia de torturas: Gallo reiteró ante la justicia ordinaria que en los centros de detención comandados por las fuerzas chavistas «sí se tortura», asegurando que su objetivo es romper el cerco mediático y el escepticismo internacional que rodeó el drama de los venezolanos durante años.
Vivir bajo custodia y con restricciones legales en Argentina
A pesar de encontrarse en territorio argentino y bajo el resguardo de las fuerzas federales de su país, el cabo primero del Escuadrón 27 de Gendarmería aclaró que debe desplazarse diariamente con custodia policial estricta debido a represalias políticas y al estatus legal de su salida.
Gallo explicó que el gobierno interino venezolano le concedió la libertad bajo una medida cautelar y de amnistía que le imponía severas restricciones, tales como la prohibición de brindar declaraciones de prensa y la obligatoriedad de presentarse a firmar mensualmente ante los tribunales de Caracas. Al encontrarse refugiado en Buenos Aires junto a su esposa e hijo, el gendarme decidió romper dichas pautas para transformarse en el vocero de los presos políticos que aún continúan alojados en los penales venezolanos.
